Los chachis optaron por abandonar su antiguo terreno y poblar otro por temor al río.
Florentino Cimarrón Añapa, de 55 años, viste una sucia camiseta blanca con huecos en los costados. Su rostro luce sudoroso por el extenuante trabajo. A este personaje de mediana estatura, cabello liso y que apenas habla español, en el poblado lo llaman Gobernador.
Cimarrón es la máxima autoridad en la comunidad chachi de Estero Vicente, de la parroquia Telembí, en el cantón Eloy Alfaro, que el pasado 27 de marzo sufrió la peor inundación de su historia cuando las aguas del río San Miguel prácticamente la borraron del mapa.
El Gobernador junto con otras 119 personas trabajan abriendo caminos en medio de la selva, a un kilómetro y medio de donde antes se levantaba el caserío Estero Vicente. Usan sierras manuales y hachas para talar los troncos de los árboles, muchos de ellos de más de un metro de diámetro. Niños, mujeres y ancianos trabajan en lo que será su nuevo poblado.
“Hemos sufrido mucho, el agua nos ha hecho mucho daño; queríamos quedarnos en el mismo lugar, pero el jueves pasado el río se desbordó otra vez; el agua casi mata a los que nos salvamos la vez anterior”, dijo melancólico Cimarrón.
En la primera inundación, recuerda, perdieron a 6 de sus 126 habitantes; 5 cadáveres fueron recuperados, menos el del niño Óscar Melesio Cimarrón Añapa, de año y medio de edad, cuyo cuerpo aún yace enterrado en el fango que quedó producto de la creciente pasada. Óscar se convirtió en un número más de las estadísticas de muertos y desaparecidos que maneja la Defensa Civil como producto del invierno.
Volver a empezar
Los habitantes de este poblado decidieron edificar nuevamente sus viviendas en el mismo lugar y volver a empezar. Vivieron durante un mes en carpas en el poblado Loma Linda, hasta que decidieron retomar sus tareas habituales.
Todos los planes quedaron truncados la noche del 1 de mayo, cuando las aguas del río San Miguel otra vez se salieron de su cauce en medio de una fuerte tempestad.
“Las mujeres lloraban, los niños gritaban. En ese momento convoqué a una reunión a la comunidad. Era de noche y no había luz... ¡Nos vamos de aquí! Esa fue nuestra decisión”, dijo.
Esa misma noche desmontaron las 19 carpas que les entregó la Defensa Civil de Esmeraldas, guardaron en sacos las 60 raciones alimenticias que aún les quedaban de las 180 que se les entregó. Los 12 machetes, 20 palas y 58 cobijas que había en las carpas quedaron al cuidado de las mujeres y los niños.
Los hombres llevaron los 70 colchones, 76 sábanas, 50 toldos, fósforos y velas con dirección hacia la montaña, lejos del río que se ha convertido en su peor enemigo.
A un kilómetro y medio del lugar, el Gobernador se detuvo y dijo: ¡Aquí nos quedamos! Desde ese día, 2 de mayo, todos los comuneros de Estero Vicente trabajan en una minga para volver a edificar sus casas. En total tiene planificado levantar 20 viviendas usando la madera que hay en el mismo lugar.
“Se trata de gente muy trabajadora y unida. Nosotros vamos a ayudar con lo que les ofrecimos”, dijo Nell Mendieta, gobernador de Esmeraldas, mientras los niños chachis jugaban en donde será su nuevo hogar.
Combustible
Cimarrón cuenta que no tienen gasolina para encender las motosierras y por eso deben utilizar las hachas, que hacen que en sus manos aparezcan ampollas y callos.
Víctimas
Colón Añapa, quien perdió a dos de sus hijos en la inundación del pasado 27 de marzo, prefiere ya no hablar de la tragedia.
Cambio
Los chachis ya no escuchan las canoas que llegan y se van. Ahora todo es silencio.