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| Baños de San Vicente, en las manos de Mónica |
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| Mónica Escobar Paredes, nacida en Santa Elena hace 42 años, y sus compañeras son masajistas capacitadas. “Es una profesión muy linda y beneficiosa”, señala, aunque lamenta que en muchas partes irrespetan esta actividad. | | |
| El ‘spa’ más criollo y popular del país brinda masajes por $ 4 la sesión de media hora. Su masajista más antigua lleva 18 años en esta actividad que a diario lleva salud y relax a cientos de nacionales y extranjeros.
Comienza en los pies. El barro tibio se hace sentir en la piel a través de una caricia serena y vigorosa que aprieta con entusiasmo y suavidad los pequeños dedos hasta aproximarse al talón. La húmeda mezcla de tierra volcánica permanece tibia cuando sube por la pantorrilla hasta la rodilla esparciendo sus poderes curativos.
El masaje de lodo tiene un primer propósito relajante, pero los clientes que Mónica Escobar Paredes lleva atendiendo en sus 18 años como masajista del centro Baños Termales de San Vicente generalmente buscan también propósitos curativos.
Mónica continúa el tratamiento en las rodillas y los muslos, mientras cuenta la historia de dos médicos, uno ecuatoriano y otro argentino, que hace dos años llegaron en malas condiciones por la artritis. Casi no podían caminar, recuerda, y después de varios días de tratamiento con masajes lograron aliviarse. Incluso el argentino tenía planeado traer pacientes desde su país a cumplir el mismo proceso.
Casi dos décadas de trabajo en este centro de salud hacen que Mónica haya acumulado varias historias similares, como la que ahora tiene “entre manos”: Carmen Jaramillo, gerente administrativa de un laboratorio médico veterinario, quien en 12 de sus 54 años de vida ha sufrido de artritis.
“El dolor es más intenso en las articulaciones de los dedos y las rodillas”, indica esta visitante que califica como “milagroso” el masaje que le aplica Mónica. Por ello lleva diez años viniendo aproximadamente cada quince días para mantenerse sin dolores, por lo cual también lleva una dieta libre de carnes rojas y dulces.
Todo está en la disciplina, indica la paciente, mientras Mónica atribuye su curación a los poderes del lodo que utiliza. “Tiene 19 minerales. Hay clientes que nos piden ofrecer este servicio en Guayaquil, pero no podemos llevar las piscinas hasta allá”, bromea, mientras Carmen confirma que en el país no hay un sitio igual. “Lo he buscado”.
Compromiso con la salud Mónica, al igual que la mayoría de la decena de masajistas de Baños de San Vicente, han sido entrenadas por el doctor Marcos Rivera en los cursos ofrecidos en su clínica de rehabilitación, en La Libertad. “Y comencé a laborar con el capitán Gonzalo Guevara, quien fue el iniciador de los masajes en San Vicente”, indica esta profesional, divorciada y madre de una pequeña niña. Sus manos, tan acostumbradas a la ternura de acariciar a su hijita, también han sido el alivio de innumerables visitantes que llegan a este recinto buscando la salud.
Un buen masaje con lodo activa la circulación, estabiliza el sistema nervioso, desinflama las articulaciones, regenera las células y alivia los órganos internos, indica ella.
Y así se lo han confirmado los pacientes que han sentido sus dulces y firmes caricias de salud.
Informes: 253-5100.
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