¿Se ha preguntado por qué razón algunos hijos son ejemplares y otros no? Bueno, la respuesta está en la forma como las mamás los han educado desde el primer día de su nacimiento.
Ellas tienen un sexto sentido y son capaces de amar sin límite, sin embargo, necesitan poner en práctica ciertas estrategias para que su labor sea bien realizada y los hijos no fracasen en su vida personal, educativa y profesional.
El psicólogo clínico David Aguirre Farfán recuerda que en las sociedades latinoamericanas y mundial se ha visto, con frecuencia, el crecimiento de pandillas, consumo de alcohol y drogas y el libertinaje sexual. Por eso el papel de las madres en la actualidad es fundamental y deben estar alertas en la crianza de sus hijos, en el sentido de la enseñanza para evitar que alguno viva ese tipo de experiencias.
La idea es que no haya mamás que se dediquen solo a juzgar a sus vástagos cuando estos cometen errores, sino que antes de que sucedan, juntos, encuentren formas para no experimentarlos. “Nadie nace siendo mamá, pero sí hay que aprender a serlo, concienciando que los hijos son producto del amor y de una formación como matrimonio. Por ello se debe trabajar en tres áreas: afectiva, intelectual y espiritual”, dice el psicólogo.
Afecto sin egoísmo
Cuando se habla de la parte afectiva, el primer punto por tratar se relaciona con el amor. Pero tiene que traducirse en un equilibrio donde no exista sobreprotección ni rechazo.
La sobreprotección es creer que pueden cuidar a sus hijos a tal extremo que nunca sientan dolor, pero es absurdo. Cuando el bebé nace el primer malestar que siente es cuando el oxígeno entra por la nariz y abre los pulmones que están pegados. Si no llora, el pediatra lo coge de los pies y le da una nalgada para que abra la boca y así reciba el oxígeno. Ese dolor fue necesario para que pudiera respirar.
Las madres también cometen errores cuando los bebés están empezando a caminar. Apenas se tropiezan y se caen, ellas gritan y corren a cogerlos. Esa actitud hace que retrocedan en su proceso normal evolutivo porque los asustan y les crean inseguridad.
Incluso nunca deben hacer que se sientan rechazados o abandonados. De ocurrir, en ese momento no lo expresan, pero cuando van creciendo y son jóvenes lo demandan a través de gritos, falta de respeto hacia la madre; y hacen cosas para enojar también al padre.
Tampoco deben desquitarse con los hijos cuando están enojadas. Ellos son como una esponja que absorbe todo y pensarán que no son amados. Más bien deben preocuparse por formar su carácter dando un buen ejemplo de alguien equilibrado y no de un ser inmaduro que les grita, ofende, golpea o les dicen que desaparezcan de su presencia. Esto los hace sentirse débiles e insignificantes.
Si ese comportamiento persiste las mamás requieren ayuda psicológica, porque ellas deben aprender a manejar los problemas o dejarlos fuera de casa.
Lo importante es que la mamá haga un enlace de tipo afectivo con su hijo, para que crezca con seguridad y confianza. Así él puede expresar lo que siente y comprende que puede preguntarle a ella lo que quiera.
Trabajar en lo intelectual
Las mamás pueden conducir el camino intelectual de los hijos, siempre y cuando no les impongan lo que ellas quisieron ser alguna vez y no pudieron. Si desean que ellos tengan éxito como buenos lectores, deben comprarles libros o inscribirlos en algún taller de lectura. Si quieren que sean artistas, pueden matricularlos en cursos de arte o música para que vayan descubriendo poco a poco por cuál disciplina se inclina. O si prefieren que sean deportistas, por la disciplina que más les agrade. Pero lo que nunca deben hacer es malos negocios con ellos. Por ejemplo, decir: ¡Mi hijito, si vas a la escuela te compro un juguete! Eso es un error, porque la mamá debe marcar su autoridad sin grito e indicando lo que desea. Mejor: ¡Vas a la escuela, haces tu tarea y después te dejo ir! Esto provocará que cumpla su rol de estudiante.
Si las mamás trabajan, ellas deben monitorear lo que están haciendo sus hijos en casa a través de personas adultas que se encarguen de cuidarlos. Pero si no tiene quién la ayude debe llamarlos por teléfono, porque es un instrumento muy valioso, para decirles que se bañen, coman, cuánto tiempo deben descansar o levantarse para hacer las tareas. Así, cuando llegue a casa, le toma la lección y le revisa el horario. Esto los hace organizados.
Relacionarse con Dios
Hacer que los hijos se relacionen con Dios es fundamental para que crezcan con un corazón recto y sensible, según Aguirre. En el momento de acostarse a dormir hay que enseñarles a hacer una oración y luego con sus propias palabras pedir protección en la noche. Si los niños se duermen pensando en Dios y en su familia lo harán con tranquilidad.
La formación espiritual se enseña con la vivencia de mamá y papá. Si los llevan a la iglesia los domingos aprenderán el significado del amor y el respeto hacia sus padres y al prójimo. Sobre todo, se preocuparán por hacer felices a los demás y a ellos mismos.