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DOMINGO | 11 de mayo del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Santa Teresa y el jesuita
Cuando todos la tachan de loca o endemoniada, Santa Teresa de Ávila encuentra al jesuita Francisco de Borja:

- No consigo rezar sola –dice. - Necesito buscar la memoria del Creador en los campos, en el agua  o en las flores. La oración es para mí un trabajo difícil, como el de sacar agua de un pozo. Al principio consigo extraer solo unas gotas, que alivian la sequedad de mi alma. Pero, poco a poco, el cubo va llenándose más, y cada vez me cuesta menos trabajo regar estos campos espirituales. Finalmente, llega un momento en el que el agua se transforma en lluvia, y el Creador riega mi alma, sin ningún esfuerzo por mi parte.

- Pues nunca dejes de leer este libro de la Creación –responde Francisco de Borja. Allí, en la naturaleza, el Padre escribe sus mejores líneas.

Herrigel y el maestro Zen
- Cuando tenso el arco, llega un momento en el que, si no disparo inmediatamente, siento que me voy a quedar sin aire, le dice el alemán Eugen Herrigel a su maestro.

- Mientras sigas esperando con semejante ansia el momento de disparar la flecha, no aprenderás el arte grande –responde el maestro–.

La mano que estira el arco debe abrirse como se abre la mano de un niño. Es el deseo demasiado vivo del tirador lo que a veces estorba la precisión del disparo.

Este piensa: “Lo que no haga yo ahora, nunca lo hará nadie”, pero las cosas no suceden exactamente así. El hombre siempre debe actuar, pero también debe permitir que otras fuerzas del Universo actúen en su debido momento.

Kasey y nuestra condición
- ¿Qué piensas de la raza humana? – me pregunta una amiga que acaba de terminar los estudios de sociología en la universidad.

- Pienso que es curiosa… ¡Es tan homogénea y tan diferente! Somos capaces de trabajar juntos, construir las Pirámides de Egipto, la Gran Muralla China, las catedrales de Europa y los templos del Perú. Podemos componer música inolvidable, trabajar en hospitales, o crear nuevos programas informáticos. Pero, en determinados momentos, todo esto deja de tener significado, y nos sentimos solos, como si perteneciéramos a otro mundo, un mundo muy diferente del que ayudamos a construir.

»A veces, cuando otros necesitan nuestra ayuda, nos desesperamos porque esto nos impide disfrutar de la vida. En otras ocasiones, cuando nadie nos necesita, llegamos a sentirnos inútiles. »Pero así es como somos: seres humanos complejos. De nada sirve desesperarse.

Buda y el pensamiento
“Nosotros somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge de nuestros pensamientos. Con el pensamiento, construimos y destruimos el mundo.

El pensamiento nos sigue como una carreta sigue a la pareja de bueyes. Nosotros somos lo que pensamos. Tu imaginación puede provocarte más daño que tu peor enemigo. Pero, una vez que controles tus pensamientos nadie puede ayudarte tanto.  Ni tu padre, ni tu madre, siquiera”.
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