Tradiciones como los mensajes radiales y la exhibición de películas con temas sobre el papel de la madre han desaparecido. Sin embargo, quedan otras acciones que exaltan y perpetúan ese rol determinante en la familia.
Antes de que la estadounidense Anna M. Jarvis (1864-1948) consiguiera en su país la primera celebración dedicada a las madres en 1908, hace exactamente un siglo, y la oficialización en 1914 de la fiesta anual para el segundo domingo de mayo, pueblos de la Grecia antigua y de la Inglaterra del siglo XVII ya realizaban jornadas conmemorativas inspiradas en el sagrado ser. Qué decir de los cultores de las bellas artes (pintura, escultura, música, etcétera) que a lo largo de la historia hasta la época contemporánea no cesan de entregar hermosísimos temas que resaltan aquel emblemático rol de la mujer.
Al generalizarse el festejo especial por la madre, en naciones y ciudades se organizaron programas para que aquel no pase inadvertido. En Ecuador, en mayo de 1930, en Quito, hubo pioneros festejos públicos por ese motivo, y Guayaquil inauguró el primer monumento a la madre (1948), seguido de la designación de la madre símbolo.
Por el ejemplo guayaquileño de hace 60 años, hoy se observa que en incontables poblaciones ecuatorianas hay una obra escultórica similar en plazas y parques, al tiempo que diversas instituciones eligen una madre que representa las virtudes de las que forman la comunidad.
Sin olvidar las sabias sentencias populares “el día de la madre es todos los días” y “madre hay una sola”, desde la segunda década del siglo pasado el festejo anual adquirió matices de verdadera espiritualidad, aunque con el correr de los años lo absorbió un exagerado mercantilismo que desplazó el obsequio de una flor o una sencilla tarjeta por los electrodomésticos, automóviles, viajes intercontinentales y otros que se promocionan por radio, televisión y prensa.
Ahora están casi desaparecidos los saludos musicales que se escucharon por las emisoras América, Cristal, Cóndor, Universal, Ondas del Pacífico, etcétera, con los temas Madre cariñito santo, Mi madre es mi novia y ¡Oh pintor!, de Julio Jaramillo; Quiero verte, madre, de Los Montalvinos; A la sombra de mi mamá, por Leo Dan; Mamá vieja, por Los Visconti; Encargo que no se cumple, por Tito del Salto y más temas en ritmo de tango, bolero y vals que un día antes inundaban el vecindario.
Las serenatas –o ‘serenos’– nunca faltaban. Al pie de balcones de elegantes casas y de ventanas de modestas viviendas se escuchaban solistas, dúos y tríos; ahora las canciones grabadas sustituyen a los músicos que en ‘vivo y directo’ emocionaban a la barriada cuando cumplían el contrato.
Los cines programaban funciones con bellas películas y jamás faltaron Madre India, con la actriz Nargis; Cuando los hijos se van, El hijo pródigo, Madre querida, Los hijos que yo soñé, protagonizados por Sara García, Libertad Lamarque, Carlos López Moctezuma y Fernando Soler.
En cuanto a los regalos, la gente tomaba las cosas con calma. Colonias, pañuelos, jabones, abanicos y otros sencillos presentes ayudaban a salir del apuro a los de escasos presupuestos. Una gran cantidad de comerciantes ofrecían obsequios para las madres en vistosas envolturas de papel celofán rojo o verde en los alrededores del Mercado Central y otros sitios de masiva concurrencia.
El Cementerio General recibía la presencia de familias enteras, cuyos miembros portaban ramos de flores naturales y artificiales luciendo la tarjeta de saludo a las madres que allí duermen el sueño eterno.
En verdad, algunas costumbres del Día de la Madre solo son añoranzas. Desapareció la designación de la madre que con mayor número de hijos era premiada por la Municipalidad de Guayaquil, y en el parque dedicado a la madre en Lorenzo de Garaycoa y Padre Solano ya no se proclama al aire libre a la Madre Ejemplar y Símbolo del Ecuador. Incluso son escasas las escuelas donde los maestros ayudan a sus pupilos a confeccionar una tarjetita dedicada a su progenitora. Sin embargo, con innovaciones y nuevas costumbres, siempre será el centro de la familia y para ella el homenaje perpetuo.