Pasarela, poses, rostros con brillo y color forman el mundo de niñas y adolescentes que sueñan con ser modelos. Sus madres, las más entusiasmadas, hacen esfuerzos económicos y, a veces, físicos para ayudarlas.
Embarazada de siete meses, Gilda Castro, de 28 años, subía tres pisos de un edificio para acompañar a su hija en el sueño de ser una modelo de pasarela.
Y lo hacía tan emocionada como su pequeña Génesis Elizalde, de 5 años, que tres o cuatro veces por semana se entrenaba en una agencia de modelos, en el centro de Guayaquil. “Por una hija uno lo hace todo”, dice Gilda, quien dio a luz a su tercer hijo al mediodía del viernes de la semana pasada y al día siguiente, a las seis de la tarde, maquillaba a Génesis para el desfile.
Salió de la maternidad, dejó a su recién nacido en su casa en la ciudadela Montebello (km 15 vía a Daule) y fue con Génesis. La ayudó a vestir los trajes que compró para los desfiles y bailes, un gasto adicional a los 35 dólares del curso. En total, eran unas 40 niñas y adolescentes las que ocuparon por cuatro horas una pasarela en el Aula Magna de la Espol en el Malecón.
Como Génesis, todas sueñan con ser una modelo famosa. Mientras, Gilda se alegra de que con el curso su hija perdió la vergüenza y es más extrovertida.