CINE. Sigue la historia.
Sin lugar a dudas, “ésta es una actividad recreativa para mí” es una de las últimas cosas que uno esperaría escuchar del director de una enorme, costosa y compleja película de acción próxima a concluirse.
Sin embargo, eso es lo que dijo Steven Spielberg hace poco vía telefónica durante la mezcla de sonido de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, la primera entrega nueva en 19 años de la popular franquicia de películas de aventuras que inició en 1981 con Los Cazadores del Arca Perdida.
“En 1989”, comentó Spielberg, acerca del año en que salió Indiana Jones y la Última Cruzada, “pensé que había caído el telón para la serie, y por eso hice que al final todos los personajes cabalgaran hacia el atardecer. Pero desde entonces, la pregunta que me hacen con más frecuencia en todo el mundo es: ‘¿cuándo va a hacer otra de Indiana Jones?”.
Las tres películas de Indy —Indiana Jones y el Templo de la Perdición (1984) fue la segunda— han recaudado mucho más de mil millones de dólares en el mundo, tan sólo por sus proyecciones en cine.
Para la mayoría de los cineastas, el alto nivel de expectativas podría aparecer en sueños como una roca que se abalanza sobre ellos.
“Me la estoy pasando de maravilla”, dijo Spielberg. Y, aunque parezca poco probable, uno no puede evitar creerle; definitivamente suena emocionado, y el secreto del éxito de esas películas siempre ha sido su inventiva de ingenio desatado, cualidad que no se puede (o no se debe) fingir, incluso con un presupuesto gigantesco.
De manera extraña, la autenticidad está muy presente en su mente cuando hace una de estas descaradamente absurdas películas, cuyo héroe (aún interpretado por Harrison Ford) es un vigoroso arqueólogo académico que recorre el mundo con su látigo, en busca de artefactos místicos raros y al hacerlo pelea contra nazis, espeluznantes cultos de sacrificios humanos y otros ejemplares de maldad inequívoca y pura.
El tono y estilo se derivan de las series de cine de los 30 y 40 que Spielberg, quien creció en los 50, solía ver los sábados por la mañana en un cine de carpa en Scottsdale, Arizona.
“Me causaron una gran impresión, tanto por lo emocionantes como por lo cursis que eran”, dijo. “Como que me metía en las historias y al mismo tiempo me burlaba de ellas. Una semana nos daban un final abierto en el que el bueno caía por el precipicio, el auto se estrellaba contra las rocas de abajo y estallaba, y a la semana siguiente él está bien. ¿Olvidaron mostrarnos la parte donde el tipo sale de un salto del auto? No íbamos a hacer eso en la serie de Indiana Jones”.
De hecho, comentó Spielberg, intenta editar lo menos posible las secuencias de acción, porque “cada vez que la cámara cambia de ángulo dinámico, se siente que hay algo mal, que se está haciendo trampa.
“La idea es que no hay ilusión; lo que se ve es lo que es. Mis películas nunca han tenido cortes frenéticos, como muchos de los filmes de acción que se hacen hoy.
No es una crítica; algunos de esos cortes rápidos, como en Bourne: El Ultimátum, son fantásticos, me dejan sin aliento. Pero para obtener la comedia que quiero en los filmes de Indy, se debe ser tradicional”, continuó.
Y en 1981, en Los Cazadores del Arca Perdida, ese enfoque era tan tradicional que parecía nuevo. En los 27 años que han pasado, casi todos los cineastas de acción han intentado utilizar el poder cinético cuasi místico (y comercial) de la película: el ritmo debía ser cegadoramente rápido; las acrobacias extremadamente elaboradas; las fechorías extra malvadas; la actitud del héroe despreocupada, casual, casi sociopáticamente tranquila. Spielberg y George Lucas —quien produce las películas y quien tuvo la idea básica para la serie— han tenido una influencia enorme.
Las películas son una forma de recreación para Spielberg, y él es el tipo de artista que se revela en la intensidad con la que se da gusto. En Indiana Jones revive el espíritu de la comedia muda en las aventuras de un intelectual con látigo.
Y esa es una hazaña que, independientemente de si uno cree que vale la pena hacerla o no, por lo menos merece altas calificaciones por su nivel de dificultad.