Su nombre real es Juan Sebastián Zevallos Ordóñez. Tiene 22 años y estudia música en Buenos Aires. Compone y canta sus propios temas.
Cuenta que fue su madre la que lo inscribió en una academia cuando él era un niño. Allí recibió clases de flauta dulce e iniciación musical. Él, según dice, “odiaba con la vida” esa actividad. Estuvo dos años. Después ella le compró una guitarra y el instrumento se quedó olvidado en algún rincón del dormitorio. Hasta que año y medio más tarde, por iniciativa propia, él lo tomó y comenzó a tocar los primeros acordes.
Para entonces, el guayaquileño Juan Sebastián Zevallos Ordóñez, ahora conocido como Juan Pescao, era un consumado oyente de música y empezó a tocar las canciones de sus bandas preferidas de rock. Llevaba la guitarra al colegio y con algunos compañeros del plantel formó un grupo que duró tres años. Recuerda que no los dejaban tocar en ningún lado, hasta que se metieron en un estudio y grabaron un demo. Desde entonces empezaron a invitarlos a conciertos.
El grupo se desintegró de forma natural. Realizaron un viaje de intercambio estudiantil y cuando regresaron no se llamaron para ensayar.
La banda murió, pero aquella experiencia musical le sirvió de incentivo a Zevallos para seguir en solitario. “Para un niño de 15 o 16 años estar trepado en una tarima junto con grupos más adultos era increíble. Tal vez fueron los aplausos y el reconocimiento los que me impulsaron”, confiesa. Descubrió luego la salsa y se fascinó con las canciones de Héctor Lavoe, a quien considera esencial dentro de su vida musical. Incluso el nombre de Juan Pescao lo tomó, indica, de una canción de este género.
Viajaba a Anconcito con unos amigos. Allá tocaban música de Héctor Lavoe, Buena Vista Social Club, Rubén Blades y otros. Y de esas reuniones nació La Humilde Orquesta. En el 2005, Zevallos se fue a Argentina a estudiar. Luego también varios de los integrantes de La Humilde Orquesta. En ese país él comenzó a grabar las canciones que había compuesto, a las que conceptúa como un collage: mezcla de bolero, pop, rock y a veces un swing jazzero. Refiere que en sus creaciones le gusta usar la jerga y cantar a los amores, desamores y cotidianidades.
Zevallos o Juan Pescao estudia en la Escuela de Música de Buenos Aires y en las vacaciones retorna a Guayaquil. El pasado marzo brindó en la Alianza Francesa el espectáculo Paquetando el alma. Cantó doce de sus temas y un cover. Dice que no es que no le guste interpretar covers, sino que le parece más interesante mostrar temas nuevos y, además, cree que eso le hace falta a la escena musical de la ciudad. “Hay gente que crea, pero no se atreve a mostrarse”, anota.
Uno de sus planes es producir cuatro sencillos. “Todos los músicos los hacen para promocionar el disco final”, señala. Él desea que los sencillos tengan vida propia. Ahora está en busca de recursos. “No tengo quién me financie. Yo soy mi propio mánager”, relata.