Un numeroso grupo de sacerdotes y feligreses de diversas parroquias lo despidieron.
Familiares, amigos y los seres más allegados del padre Hugo Vázquez Almazán se congregaron ayer en Parque de la Paz para darle un último adiós.
La ceremonia eclesiástica oficial del sepelio se realizó a las 11:00 y estuvo presidida por el arzobispo de Guayaquil, monseñor Antonio Arregui.
Desde las 09:00 los sacerdotes de la congregación de Schoenstatt le rindieron homenaje al sacerdote.
Familiares residentes en Estados Unidos y Colombia acompañaron el féretro del religioso, entre ellos su hermana Leticia y los hijos de esta Hugo y Carol Pontón Vázquez.
El féretro fue adornado con pétalos de girasoles, arrojados por las hermanas guadalupanas, congregación que creo en Guayaquil el padre Vázquez hace 20 años.
Monseñor Elías Dávila y Federico Gagliardo exaltaron las virtudes del extinto párroco, que falleció el martes pasado de un paro cardiaco.
Lo propio hizo monseñor Antonio Arregui, quien estuvo acompañado de los tres obispos auxiliares, monseñor Marcos Pérez, Aníbal Nieto y Darío Maggi, además de un grupo numeroso de párrocos. Entre ellos estuvieron los religiosos de la Fraternidad de Jesús.
“Vengo desde Portete y la 19 con mi esposa y mis cuatro hijos para despedirme del padrecito”, comentó Hugo Caiza entre sollozos.
Cerca de él estaban Luis Salavarría y Carlos Arévalo, quienes comentaron ser los ‘hijos adoptivos’ del padre Hugo. Ellos viajaron desde Santiago de Chile para el sepelio.
“Lo conozco desde niño, en La Chala. Recuerdo que yo no quería hacer la primera comunión, pero él sacó a su muñeco Chapulete y este empezó a hablar, diciéndome: ‘Yo te voy a enseñar a conocer a Dios’; desde entonces siempre seguí al padre”, dijo Salavarría.
Al final de la ceremonia litúrgica un grupo musical, conformado por algunos feligreses de distintas parroquias, interpretaron canciones que fueron pedidas por el propio sacerdote antes de su muerte, entre ellas Guayaquileña bonita y Mi viejo San Juan.
“Estoy agradecido por todo el amor y bondad que le han demostrado a mi hermano la gente guayaquileña”, dijo Gerardo Vázquez, luego de la ceremonia eclesiástica.
También expresó su especial agradecimiento a la Dra. Noemí Bautista por todas las atenciones médicas hacia el padre Hugo Vázquez.
María Eugenia de Gómez, de la parroquia de Bellavista, dijo conmovida que el sacerdote formó su camino espiritual y le ayudó a convertirse en un mejor ser humano.