Una conductora de Metrobastión, una enfermera de la maternidad y una vigilante de tránsito comparten la responsabilidad de atender a su familia y a miles de ciudadanos.
NOMBRE Maritza Mieles
EDAD 36
OCUPACIÓN Conductora
FAMILIA Casada, 4 hijos
SITUACIÓN Una de las dos mujeres choferes de Metrobastión
“Siguiente parada: Florida”... La voz de Maritza Mieles llama la atención a los pasajeros que se transportan en Metrobastión.
Es una de las dos mujeres que trabajan como conductoras de los buses articulados de la troncal 3 del sistema Metrovía, inaugurada hace una semana.
Con 36 años tiene cuatro hijos: Rudy, Nicole, Henry y George. Dice que son su fortaleza, por eso, para sentir mayor seguridad en sus nuevas labores, les pidió que la acompañen el primer día en que se abrió el circuito al público.
Maritza se hizo conductora profesional hace ocho años cuando comenzó a manejar un bus de la línea 98 de propiedad de John Argüello, su esposo.
Desde entonces se dio cuenta de que su vocación era conducir buses y llevar a pasajeros a salvo a sus destinos finales.
“Es lo mismo trabajar en una oficina que detrás de un volante, todo es cuestión de estar consciente de la gran responsabilidad que cada quien tiene, sobre todo si se da un servicio público”, afirma.
Sus fuertes facciones las complementa con una amplia sonrisa, en especial cuando habla de sus seres queridos y de cómo se debe maniobrar un articulado. Sin embargo, reconoce que el retro del bus fue lo que más le costó dominar cuando recibió la capacitación por parte de los operadores de Metrobastión.
Javier Buenaventura, instructor de conductores en la troncal 3, resalta el profesionalismo de Maritza y remarcó que nunca recibió preferencias por ser mujer. “Ella ingresó por sus propios méritos”, enfatiza.
Con orgullo, Maritza sostiene que nunca sufrió una colisión o un accidente mientras ha estado al frente del volante.
Como anécdota recuerda que en la apertura de la troncal 3 condujo el bus en el que el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, hizo un reconocimiento de un tramo de la ruta.
“Él me dio la mano y me felicitó por mi trabajo, fue una buena experiencia”, agrega.
Dice que está agradecida con sus compañeros, pues nunca la discriminaron por ser mujer. No obstante, reconoce que sí ha habido algunos pasajeros que le han dicho que vuelva a su casa a lavar la ropa y a cocinar, pues lo que está haciendo es un trabajo exclusivo para los hombres. “No digo nada, pues nos han entrenado para no contestar, además, tampoco debo ponerme al nivel de ellos”, dice.
El Día de la Madre, Maritza la pasará en la tarde con su familia... eso sí... luego de cumplir con su trabajo, pues asegura que las dos cosas más importantes para ella son ser mamá y chofer a la vez.