El actual gerente deportivo de Barcelona debutó bajo los tres palos amarillos a los 18 años, en 1983. En esa época inició un camino que lo llevó a ser uno de los jugadores históricos del club. Fue campeón en 1985, 1987, 1989 y 1991. En 1990 sus atajadas instalaron a los canarios en la final de la Copa Libertadores. Pestañita habla de los duelos ante los azules y recuerda anécdotas.
¿Qué se siente ser directivo de Barcelona?
Un sueño cumplido. Haber jugado y sentido la camiseta de la institución que es importantísimo. Soñaba con esto y llegó en el momento oportuno.
De todas sus facetas como futbolista y directivo, ¿en cuál se ha sentido más útil?
Como jugador. Compartí títulos con una generación de futbolistas que en las décadas de los ochenta y noventa tuvo la suerte de vivir todos esos campeonatos. Lo que pusimos en el campo de juego sirvió para lograr los éxitos que hasta ahora disfruta el club.
¿Tuvo un ídolo en Barcelona?
Mis ídolos eran Flavio Perlaza, Fausto Klínger, Lupo Quiñónez, Galo Vásquez, Mario Tenorio, Juan Madruñero. Lo más lindo fue que cuando ya fuimos compañeros Perlaza me cedió la capitanía, cuando él estaba en sus últimos años. Me dijo que yo, con 20 años, era el más apto para tenerla.
¿Qué le viene a la mente al oír la palabra Barcelona?
Grandeza, locura, pasión. Eso solo lo descubres cuando eres jugador torero. Por eso a mis muchachos les explico lo que es Barcelona, qué es ser campeón con este equipo y los invito a que lo sean.
¿Y al oír Emelec?
Respeto desde todo punto de vista. Por la forma en que me trataron tuve un año hermosísimo ahí (1997), y eso no lo escondo por estar acá. Cómo no voy a respetar a una institución que me acogió, me dio de comer y que mantuvo a mi familia en ese momento.
¿Fue un error jugar ahí?
No lo sé. Muchos hinchas no me perdonan haber ido a Emelec, pero les pregunto: cómo comía, cómo sobrevivía. No iba a mendigarle a un dirigente de Barcelona que me contrate por haber hecho historia ahí. Tenía que trabajar y Omar Quintana me fichó.
¿Si le propusieran ser dirigente de Emelec, aceptaría?
No, eso no. Es imposible. Uno es dirigente donde su corazón está. No me veo como dirigente en Emelec. Primero, aunque la respeté y la defendí, no sentí la camiseta para nada. Fue un año y nada más.
¿Qué gol recibido en los clásicos recuerda más?
Uno de Vidal Pachito (1994) que nos dejó afuera. Es uno de los goles que más me duele. Trabajamos el partido y si ganábamos o empatábamos éramos campeones (derrota 1-0).
¿Se tomaría alguna vez un café con Eduardo García?
No solo un café, almorzaría y cenaría porque el Ñato es un tipazo al que quiero mucho.
¿Se sufre más dentro o fuera de la cancha?
¡Afuera! Yo sufro por el Gato Sessa. No porque no me dé confianza, pero a veces creo yo que puedo ayudarlo imaginariamente. Traslado mi alma a la cancha y quiero impulsarlo más allá para que llegue a cualquier pelota.
¿Es barcelonista 100%?
Yo nací aquí. Sé lo que es Barcelona: es alma, pueblo, soportar sol, hacer largas filas y comer guatallarín. Es sentimiento y ganar con coraje. Me lo enseñaron y lo dice la historia.