Viernes 09 de mayo del 2008 Internacionales

Austriaco dice que tenía ‘adicción’

AGENCIAS | RANGÚN, Birmania

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AMSTETTEN, Austria. Policías en la casa de Josef Fritzl.

Buscó  lo prohibido.

Josef Fritzl, acusado de haber encerrado en su sótano y violado sistemáticamente a su hija durante 24 años, aseguró que el sexo con su víctima era “como una adicción”.

Estas declaraciones de Fritzl, de 73 años, forman parte de una entrevista con su abogado defensor, Rudolf Mayer, de la que algunos fragmentos fueron publicados ayer en el semanario austriaco News.

Fritzl reconoce que el impulso por mantener relaciones sexuales con su propia hija “se fue haciendo más fuerte”, aunque niega que las violaciones comenzaran cuando Elisabeth, que hoy tiene 42 años, tuviera 11, como ella declaró.

Fritzl reconoce que sabía que hacía daño a su hija pero que el “ansia de poder hacer algo prohibido” era demasiado fuerte.

Este técnico electricista jubilado dejó a su hija embarazada en siete ocasiones -uno de sus hijos murió- durante los 24 años que duró su cautiverio.

Al respecto, Fritzl asegura que “se alegraba de la descendencia” y que para él era bonito “tener también en el sótano una auténtica familia”.

En ese terrorífico microcosmos, el presunto criminal ejerció una autoridad incontestable ante su hija y los tres hijos-nietos que con ella habitaban: “Me aceptaban completamente como cabeza de familia. Nunca se hubieran atrevido a atacarme”, relata Fritzl.

De hecho, llegó a advertirles que la puerta del sótano estaba electrificada y que morirían electrocutados si la tocaban.

Fritzl, que ya en 1967 fue condenado a prisión por un delito de violación, encerró a su hija en 1984 e inventó la historia de que la joven se había fugado para incorporarse a una desconocida secta.

Fritzl confirmó que subió a su propio hogar a los tres hijos frutos del incesto que eran más débiles y que obligó a su hija a escribir las cartas que empleó para fingir que los niños habían sido abandonados por Elisabeth y así justificar su aparición.

Explica que se “había vuelto viejo” y que en el futuro no podría “cuidar” de su familia del sótano. Su plan era que los cautivos relataran que habían vivido todo ese tiempo en un lugar secreto junto a los miembros de una secta.

La truculenta historia salió a la luz a finales de abril, cuando Fritzl se vio obligado a acudir a un hospital con Kerstin, la mayor de sus hijas-nietas, afectada por una grave enfermedad de origen genético y relacionado con el incesto.

DETALLES: La planificación para el secuestro

Empezó a beber y a fumar
En un intento por justificar el suceso, Josef Fritzl explicó a su abogado que cuando su hija Elisabeth (a quien plagió y  violó por 24 años) llegó a la adolescencia, dejó de respetar sus reglas y comenzó a “beber alcohol y a fumar”.

Lugar secreto
Luego de fumar y beber refirió que procuró buscar un lugar en el que, en algún momento, pudiera mantener a la fuerza a Elisabeth alejada del mundo exterior argumentando a otros que había huido para integrar una secta.
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