Esta presentación, que se efectuó en el Teatro Centro de Arte, la organizó la Fundación Filarmónica Fernando Vincenzini Bellini.
Desde la parte más alta del Teatro Centro de Arte se tiene una visión panorámica de la sala y el escenario. Suelo ubicarme allí. Se disfruta casi siempre de una gran tranquilidad pues el público prefiere la planta baja.
La plataforma móvil sube lentamente, aparecen los músicos invitados de la noche: Jorge Saade y Boris Cepeda. En el programa: Mozart, Beethoven, Paganini y compositores sudamericanos, entre ellos los ecuatorianos Claudio Aizaga, Gerardo Guevara y Enrique Espín Yépez.
El recital se inicia con la cuarta sonata para violín y piano de Mozart.
El unísono que anuncia el tema muestra ya cohesión, complicidad musical que unirá a ambos músicos.El ritmo es tónico más la tonalidad en mi menor destila nostalgia. Aquel contraste entre una melodía casi romántica y el respaldo rítmico dinámico se volverá típico en muchas obras del compositor austriaco. Buen ejemplo es la sinfonía N. 40.
Muchos se inspiraron en la primavera como símbolo de renacimiento, verdor, esperanza. Vivaldi dio al solista inusual importancia dentro de una música descriptiva que se volvió universalmente famosa. (Las Cuatro Estaciones están entre las obras más adquiridas por los aficionados). Schumann escribió su Sinfonía Primavera, Stravinsky su Consagración de la primavera, Gershwin su Canción de primavera.
Quizás la alusión más insólita la tiene Mahler en su Canto de la Tierra pues nos habla de un borracho que prefiere disfrutar su embriaguez que escuchar al ave que anuncia la nueva estación.
Desde el primer movimiento, Saade y Cepeda ponen de manifiesto una gran simbiosis. Aquel equilibrio se anuncia con la exposición del tema principal, rítmico, de estos que gustan desde la primera audición, luego se establece un diálogo muy dinámico entre piano y violín. La repetición de la melodía y las variaciones sobre la misma crean una constante expectativa. Tenía Beethoven 30 años cuando compuso dicha sonata. Experimentaba síntomas de su creciente sordera; un año después sufriría una decepción amorosa al verse rechazado por la muy joven y bellísima condesa Julieta Guicciardi, de ojos azules, cabello corto, a la que dedicó la sonata tan popular conocida como Claro de luna, donde el primer tema casi depresivo contrasta con el presto agitato final.
En La Primavera el adagio muy expresivo permitió a Jorge Saade desplegar lirismo mientras el piano casi se limitaba a un papel de sutil acompañante. Boris y Jorge dieron a este movimiento un tinte de gran emotividad. El scherzo es sorprendente pues su duración es tan limitada que casi pasa desapercibido.
En cambio, el rondó final permite un diálogo tónico de atractivo virtuosismo. El formato de cuatro movimientos muestra el apego de Beethoven a las reglas clásicas de la sonata.
Da pena que Boris Cepeda declarase que le resulta más fácil organizar una gira en toda Alemania que dar recitales dentro de nuestro territorio. Algo parecido ocurre con Jorge Saade, quien grabó un recital en Carnegie Hall en compañía de Noreia Mueckay (8 de octubre del 2005). En el DVD figura entre otras obras la Sonata Primavera.
Ambos músicos, Jorge y Boris, han tenido un papel lucido fuera de nuestras fronteras. Fruto de aquella unión fue el recital que pudimos aplaudir el 29 de abril en el Teatro Centro de Arte.
RECITALES
Desde 1998, Saade y Cepeda han logrado actuar juntos sobre todo en salas de países europeos: Italia, Alemania, Francia, etcétera.