La elección del obispo Fernando Lugo como presidente del Paraguay suscita preguntas y reflexiones a la generalidad de los ciudadanos.
El sacerdote, como todo bautizado, es prolongación de Cristo, que no es solo Hijo de Dios, sino también Hombre, comprometido con las angustias y esperanzas humanas. La Iglesia está formada por laicos y por sacerdotes a su servicio.
El laico tiene como campo más propio de acción las realidades materiales; el campo primero, aunque no exclusivo, de la tarea del sacerdote es espiritual. Uno de los servicios específicos del sacerdote es la búsqueda de unidad en torno a objetivos comunes, que superan intereses que suponen ideologías e intereses de grupos, por respetables que estos sean.
La comunidad cristiana o Iglesia distinguió desde el principio, sin separar, la tarea espiritual de la material: confió a los diáconos el “servicio de las mesas” para que los apóstoles tengan más tiempo para hacer conocer y amar a Jesucristo.
El sacerdote sirve al desarrollo humano temporal, ocupándose primariamente de lo espiritual, ayudando a tomar conciencia de que la tarea de ser hombre no es diversa de la ta-rea de ser hijo de Dios. El sacerdote sirve, enseñando con pa-labras y obras que el amor a Dios no es sincero si no se expresa, también, con el servicio gratuito. El servicio al pobre es evidentemente gratuito. “La gloria de Dios es la felicidad del hombre”. La ayuda en la toma de conciencia y en el ejercicio de la verdad, de la creatividad, solidaridad, constancia y en otras expresiones de humanidad es un servicio callado, no fotografiable, pero singularmente eficaz. El sacerdote sirve al desarrollo humano, mostran-do que los valores de un parti-do no son la plenitud de lo humano, sino parte; que ha de mantenerse abierta a la complementación. Ofende quien afirma que deja el ejercicio sacerdotal para servir a los pobres. Otra de las expresiones de su servicio espiritual es la ayu-da a los cristianos laicos a formarse y a asumir el liderazgo temporal.
Un sacerdote encerrado en un partido se imposibilita él mismo a ser nexo de unión. Otro impedimento para que un sacerdote milite en la política de partido es la búsqueda del poder. El sacerdote, como Cristo, ha de esforzarse en orientar desde la libertad de la conciencia, no desde la fuerza del poder temporal.
Es neoclericalismo recurrir a un sacerdote para confiarle una tarea político-partidista. Además, puede ser un signo de que no hay laicos suficientemente preparados para servir a su pueblo. Hay casos excepcionales. La excepcionalidad debe ser juzgada por personas libres de presiones y de intereses restringidos.
Cuando la mitad de la isla Timor Oriental se independizó de Indonesia se llevó a la Santa Sede el juicio sobre la necesidad de que el Obispo acepte la presidencia del naciente Estado. El Papa permitió que acepte esta tarea por el menor tiempo posible; mientras tanto pidió al Obispo que no ejerciera su ministerio sacerdotal, porque este ministerio está destinado a todos independientemente de su partido.