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| Memorias en el equipaje |
| Europa: Tras las huellas de Casanova y Marco Polo |
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| Hernán Zúñiga y su hija Yoryina en una góndola que navega por el Gran Canal de Venecia, durante un viaje cumplido en el 2001. | | |
| Era su destino de la nostalgia, de la poética, del sentimiento, del Renacimiento y de las emociones más personales.
El artista plástico Hernán Zúñiga (Ambato, 1948) se había propuesto que en el siglo XXI conocería la Europa occidental, aquel Viejo Continente que había explorado desde niño a través de libros usados que compraba a los cachineros.
Por ello en el 2001 disfrutó con su hija Yoryina de un paseo que lo llevó por los vestigios árabes de Toledo y los caminos quijotescos de La Mancha, en España; por los museos del Vaticano y de Roma, y el Palacio de los Oficios de Florencia (a la entrada hay una réplica de el David de Miguel Ángel), en Italia; y las casas de Casanova y Marco Polo, en Venecia.
“Quería interceptar los poemas de Casanova al contemplar los espacios por donde transitó. Para mí fue un encuentro poético ver la fachada de su hogar; e igual me sucedió al visitar la casa de Marco Polo, la cual está abierta al público con los objetos de ese navegante que conocí en los textos que escribió de sus viajes a China”, dice.
Para ese encuentro con la Italia del Renacimiento, Zúñiga comenzó su paseo en la terminal de trenes, tras lo cual transitó por los caminos y puentes de la ciudad de los canales hasta encontrarse con un gondolero joven y carismático que lo llevó a ese tour extremo, por canales poco turísticos.
“Ese era mi plan: hacerme amigo de un gondolero que nos llevara a conocer la verdadera Venecia; no quería hacer el típico paseo del turista”, indica. “Y así lo disfruté”, afirma este pintor que vive en Guayaquil desde 1952 y que prepara su exposición El ladrón de los sueños en la Capilla del Robo, en Quito, que desde el 15 de mayo y por un mes exhibirá grabados y dibujos realizados en 30 años de trayectoria.
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