Si es mujer, entérese. Una de las razones principales por la cual puede en cualquier momento presentar verrugas genitales o cáncer del cuello del útero es a través del contagio con ciertos virus del papiloma humano (VPH).
La historia de esta aseveración comenzó por los años ochenta y noventa cuando empezaron los científicos a hacer estudios del DNA (ácido desoxirribonucleico) relacionado con los cánceres del útero en todo el mundo. Ellos encontraron que el material genético del DNA que prevalecía en las células malignas de esta enfermedad era el virus del papiloma humano.
Con esa base, unido al desarrollo de la tecnología molecular, más adelante se llegó a determinar que en los cánceres del cuello uterino o cérvix se encontraba como característica del DNA el virus del papiloma humano y que más prevalecían los del tipo 16 y 18, que sumados llegaban casi al 72%. Luego detectaron cinco tipos más, el 45, 31, 33, 52 y 58, que representan al 85%. Posteriormente hallaron otros que completaban casi el 100% de los cánceres del cuello uterino.
Según el ginecólogo Roberto Cassis Martínez, los científicos al haber identificado esta correlación a nivel mundial buscaron una vacuna para la prevención del virus del papiloma humano, así como la hay contra la hepatitis B que produce cáncer de hígado.
Una la creó el Laboratorio Merck y está diseñada contra los tipos de VPH 6, 11, 16 o 18, e incluye protección ante nuevas lesiones precancerosas cervicales y las verrugas genitales. Y fue en julio pasado que salió a la venta en Ecuador con el nombre de Gardasil, después de que fuera aprobada por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE.UU.).
Otra vacuna llamada Cervarix fue desarrollada por el Laboratorio Glaxo SmithKline. Esta previene la infección causada por dos cepas del virus del papiloma humano (16 y 18) para proteger a las mujeres de entre 10 y 55 años, pero aún está bajo revisión de la FDA, según las agencias internacionales de noticias. Todavía no está a la venta en el país.
El ginecólogo Eduardo Barrera Blum considera que contagiarse con el virus del papiloma humano no tiene cura y las vacunas realizadas con biología molecular son una buena opción para prevenir este mal, porque imitan al virus para que el organismo lo reconozca, inhibiendo la actividad viral y despertando inmunidad.
Incluso vacunarse es adecuado, “porque la probabilidad de que una mujer con vida sexual se contamine con el virus del papiloma humano es del 60%. Pero lo interesante es que la persona, hombre o mujer, que se infecta tiene la capacidad de autodepurarse o eliminar el virus en el 90%. En cambio, el 10% no, ya que el VPH persiste y causa una infección crónica en el cuello uterino”, dice Cassis.
Eficacia de la vacuna
La ginecóloga María Morales Riofrío cree que la vacuna aprobada por la FDA previene en el 100% que la mujer adquiera la infección, con lo cual se cortaría de raíz el agente causante del cáncer cervical o cuello uterino. Ella sugiere su aplicación en mujeres de 9 a 26 años de edad y que nunca hayan tenido relaciones sexuales. Sin embargo, estudios recientes dicen que también pueden aplicárselas aquellas que hayan tenido el virus, porque las puede proteger contra otros tipos del papiloma.
Cassis agrega que en una mujer adolescente el porcentaje de presentar el virus es muy bajo, pero si ella se inicia en las relaciones sexuales al año tendría más del 30% de posibilidad de contagiarse con este. Por esta razón es preferible vacunarse a temprana edad.
“Para adquirir inmunidad contra el VPH se requieren tres dosis en un periodo de seis meses. La primera cuando la mujer esté decidida, la segunda dos meses después y la tercera luego de otros dos meses”.
Sin embargo, la FDA y el ginecólogo Alfonso Tamayo Mueckay consideran que como las vacunas son nuevas se requieren más estudios para determinar si se necesitará un refuerzo dentro de un par de años.
“En cuanto a las reacciones de la vacuna, algunas personas pueden presentar fiebre leve o ligero enrojecimiento de la piel en el lugar donde se inyectó”, agrega Tamayo.
Importancia de vacunarse
Toda mujer antes de vacunarse debe comprender por qué es muy importante hacerlo. En primer lugar, el virus del papiloma humano es un organismo vivo que se transmite por vía sexual vaginal o anal. También por contacto cutáneo (piel), de madre a feto y el autoerotismo con juguetes sexuales, según Cassis.
Como el virus del papiloma humano tiene más de cien subtipos, unos son más afines a la piel y mucosa. El 6 y el 11 son los que forman verrugas en los genitales externos y se los conoce como condilomas acuminatus, que también están presentes en el hombre. Pero estos tipos no son productores de cáncer, es decir oncogénicos, y se observan macroscópicamente.
Según la ginecóloga Patricia León de Bastidas, los condilomas recubren los genitales externos y por lo general tienen forma de pequeños abultamientos ásperos, coloreados y duros que aparecen solos o en racimos. Estos causan sensación de rugosidad y algunos pueden agrandarse rápidamente tomando un aspecto de coliflor y en otros casos llegar a ocupar gran parte de los genitales.
Si el virus del papiloma humano invade la vagina y el cuello del útero, las verrugas pueden ser planas y no son fácilmente visibles. Además, si estas lesiones no se ven puede ser el principio de un cambio precanceroso en el cuello del útero (displasia cervical), por eso es importante someterse cada año a una prueba de papanicolaou y a una vaginoscopia (visualización a simple vista de la mucosa vaginal previa aplicación de un líquido para hacer evidentes las lesiones) o una colposcopia, en caso de encontrar un papanicolaou anormal.
Incluso “las mujeres vírgenes pueden someterse a un papanicolaou. Se lo hace con un vaginoscopio que entra a través de la abertura del himen, sin que este tejido se rompa, y se observa el cuello uterino”, dice Cassis.
Genes del papiloma
El virus del papiloma humano tiene varios genes. Uno es el E7, que se une a la proteína pRv (encargada del crecimiento normal celular), y al apropiarse de esta impone su código alterándola en su desarrollo y crecimiento. Otro es el gen E6, que se adueña de la proteína p53 (programa la vida y muerte celular, especialmente si están amenazadas de un daño en el ADN), pero como el virus del papiloma se apodera de ella no puede realizar su función. Es allí cuando este logra perennizarse e inmortalizarse en las células del cuello uterino.
“Cuando el virus prolifera en el revestimiento del cuello del útero en este aparecen unos elementos llamados coilocitos, que se pueden detectar con el examen del papanicolaou. Si la mujer los presenta debe ser valorada con el paso de los meses y años”, asegura Cassis.
La doctora Morales agrega que cuando el virus se instala en el cuello uterino, las células evolucionan hasta formar inicialmente lesiones precancerosas que si no se las trata a tiempo en el lapso de aproximadamente diez años pueden llegar a convertirse en cáncer. Situación que debe prevenirse.