Quizás lo único más difícil hoy en día que ser padre de un adolescente es ser adolescente. Además de las innumerables tensiones y angustias propias de esta etapa de la vida, los muchachos ahora tienen que enfrentar una nueva serie de presiones resultantes de la "modernización" (léase permisividad) de la sociedad actual.
Las nuevas generaciones están creciendo en un ambiente social cargado de corrupción, promiscuidad, libertinaje y violencia. Y como si fuera poco, se están formando dentro de una sociedad que atraviesa una seria crisis de valores en la que no hay ninguna claridad sobre lo que está bien y lo que está mal. Todo lo que antes era condenado hoy está permitido, y lo que antes era permitido hoy está pasado de moda o “out”. En otras palabras, no hay unos comportamientos ni unos valores congruentes con los principios morales y éticos que se supone rigen nuestras vidas.
El cambio ha sido especialmente radical en todo lo que se refiere a las relaciones sexuales. A una época en que se interpretó la sexualidad como algo pecaminoso, sucio y vergonzoso, ha seguido una en la que se pregona un enfoque “libre” y sin prejuicios, en la cual se aprueba todo tipo de relaciones sexuales como parte del progreso y la libertad propios de una sociedad supuestamente evolucio-nada.
Sin lugar a dudas ha habido un progreso positivo e importante en lo que se refiere a una comunicación más honesta y abierta sobre el sexo, a la vez que una mayor aceptación del goce implícito en esta experiencia. Pero en la medida que se ha desechado toda la vergüenza y condena que se tejía alrededor del tema sexual, también se han desechado los principios que deben regir la capacidad más trascendental del ser humano por ser aquella que lo faculta para engendrar una vida humana.
Esta posición es especialmente grave para la juventud de hoy. Los muchachos se están criando en un ambiente en que los medios de comunicación, las películas, las novelas y los hechos de la vida real permanentemente les plantean que tener relaciones sexuales es un simple placer que puede satisfacerse como quieran, cuando quieran y con quien sea. Por esto una de las mayores presiones y angustias que aquejan a los jóvenes de hoy es la de verse forzados a iniciarse cuanto antes en la actividad sexual. Se les ha establecido que para estar “in” hay que haberlas experimentado.
Es imperativo recordar que el contacto sexual ofrece a los seres humanos una forma muy poderosa de expresar sus más profundos sentimientos de amor. Cuando dos personas se sienten profundamente conectadas a nivel emocional, unirse a nivel físico es una de las experiencias más exquisitas de la condición humana. Por lo mismo es una experiencia que se debe vivir cuando se tenga la capacidad y la madurez para comprometerse con su pareja y brindarle un hogar constituido a la criatura que así pueden engendrar. Así es hora de dejar de hablarles a los jóvenes de relaciones sexuales para comenzar a hablarles de relaciones matrimoniales como la mejor opción para expresar toda su capacidad de amar.