Miguel Falero, asistente técnico de Emelec, exigirá a sus dirigidos más juego de conjunto.
Volvió por cuarta ocasión al equipo que le dio la oportunidad de debutar en primera división cuando tenía 17 años. El uruguayo Miguel Falero está de regreso en Emelec como asistente técnico del nuevo estratega azul, su compatriota Aníbal Maño Ruiz.
Falero, de 50 años, jugó entre 1975 y 1977 en el club como juvenil; luego volvió en 1988 para ser campeón nacional, y en 1996 se encargó de las divisiones menores de los millonarios, donde trabajó un año.
El otrora jugador se confiesa más emelecista, pese a que se formó en el Peñarol uruguayo, por la oportunidad que tuvo en Emelec. “No me quedé más tiempo ahí porque los dirigentes no compraron mi pase.
Antes, si en el tercer año no había el interés de compra, el jugador se regresaba”, recuerda.
Pero tras volver a Peñarol fue titular y jugó ahí durante cuatro temporadas más. Ahora, el estratega buscará recuperar en la plantilla actual ese amor y alegría por estar en Emelec y corregir errores en la zaga y medio campo, donde destacó en los ochenta como volante de marca.
¿Qué recuerdos le traen de ese Emelec que ganó el campeonato de 1988 y del cual usted fue parte?
En ese tiempo se quería resurgir a Emelec, que tenía años de no concretar campeonatos. Los dirigentes conformaron un equipo que con humildad se comprometió a un objetivo que era ganar el título. Teníamos tanta confianza, que en un momento los dirigentes, para asegurarse del tema económico y potenciar el equipo, nos preguntó si nos animábamos a jugar de local en el Monumental. Y jugamos partidos ahí y ganábamos. Nosotros incluso obtuvimos el 95% de los puntos que disputábamos afuera. Fue durísimo, pero al final logramos un festejo.
¿Y del equipo?
Qué te puedo decir: (Xavier) Baldriz era impasable; para llegar a (Urlín) Cangá y (Wellington) Valdez, antes debían pasar por mí, (Kléber) Fajardo y (Enrique) Verduga. Éramos un muy buen equipo, con tres figuras excepcionales: Rubén Beninca, Raúl Avilés y Jesús Cárdenas. Cada uno hizo goles importantes que dieron el campeonato.
¿Qué tenía el equipo del 88?
Mística. Nosotros jugábamos porque nos gustaba. Además, se respetaron los procesos que debe haber en un club, que es que el técnico contratado escoge a los refuerzos y luego él les da una idea de lo que quiere del equipo. Y eso se dio en ese campeonato.
Pero ahora les tocó asumir un equipo armado por otro entrenador.
Así es, por eso la obligación nuestra es, lo antes posible, ver lo que hay que mejorar, darle una identidad de juego, hacerles entender (a los futbolistas) que se debe jugar bien para tener más opciones de ganar. Y respetar el juego de otros; por ejemplo, Barcelona es más fogoso, Liga es más visual, más elegante.
¿Y cuál es el de Emelec?
Es el equilibrio, entre correr, meter y jugar. Y eso queremos implementar con el Maño.
¿Qué busca lograr en los jugadores de Emelec?
Que exista lo que se conoce ‘sociedad de esfuerzo’, es decir, si un volante perdió el balón, debe luchar por recuperarlo, pero si falla, tienes la confianza de que otro va a estar ahí para apoyarte. Lo que pasó (de las goleadas en los tres últimos partidos de visitante) no es responsabilidad solo del arquero o de la defensa; aquí se debe tener claro que cada uno cumple su labor, pero que si uno pierde el balón todos deben apoyar en la recuperación, en el ataque, en la habilitación.
¿Es posible lograr esos cambios de inmediato?
El tema es que la gente vea lo que es Emelec, un grande en América. Tiene que ser un orgullo estar en el plantel, no tiene que ser una obligación ir a trabajar, a entrenar, el estar con los compañeros y concentrarse. Eso hay que cambiarlo y estamos hablando con los futbolistas. Debemos mirar hacia dentro y ver nuestras carencias y virtudes. Nuestro jugador tiene que dejarlo todo en la cancha.
¿Y qué es para usted dejarlo todo en la cancha?
Que me cuidé como profesional toda la semana, di todo en el entrenamiento y jugué. A veces no se gana, es así; a veces tenemos nuestros bajones, también lo entiendo, pero uno debe dejarlo todo en la cancha, pelear, recuperar (balones), ir al ataque. Ese es lo que el Maño y yo queremos lograr con este Emelec.
Estadísticas POR ANTONIO UBILLA
155
Goles. Emelec ha anotado ese número de veces en la portería del Deportivo Cuenca.
6
Anotaciones. La máxima goleada azul a los morlacos se dio el 1 de febrero del 2002. Fue 6-0 el marcador.
Perfil
MIGUEL FALERO
Nacimiento
En San José de Carrasco, Uruguay, hace 50 años.
Debut
En primera división con Emelec, a los 17 años, en el partido 2-1 a Liga de Portoviejo, en la temporada 75-77. Él hizo el segundo gol.
Equipos
Peñarol, Defensor, Progreso (todos de Uruguay), Emelec y Platense de Argentina. En los cuatro primeros clubes quedó campeón. Se retiró en 1992 para ser entrenador de Defensor.