El 8 de febrero de 1968, policías estatales blancos dispararon contra más de cien estudiantes en el South Carolina State College (ahora universidad), cuyos alumnos eran en su mayoría negros.
Tres murieron e hirieron a 28. Los tiroteos comenzaron después de tres días de tensiones, a raíz de lo que empezó como una llamada a la protesta en favor de la integración de un local sólo para blancos de Orangeburg.
El incidente, que se conoce como la Masacre de Orangeburg, no llegó a arraigar en la memoria colectiva de los años 60, y los supervivientes afirman que una de las razones fue la información teñida de prejuicios raciales que ofreció la prensa: los muertos eran negros.
Pero un nuevo tratamiento puede dar al tiroteo su adecuado enfoque histórico, y algunos académicos y los supervivientes esperan que ello anime a los legisladores de Carolina del Sur a abrir una investigación estatal de aquel tiroteo que nunca llegó a ponerse en claro.
Desde que era un estudiante en la cercana Universidad de Carolina del Sur en Columbia, allá por la misma época, Dan Klores, un cineasta neoyorquino y ex ejecutivo de relaciones públicas, ha estado reflexionando sobre Orangeburg y la oscuridad en que lo ha tenido sumido la memoria histórica durante décadas. Confía en que su última película, Black magic, que trata de jugadores de baloncesto en colegios tradicionalmente negros, abrirá los ojos de la gente y hará que recuerden Orangeburg.
Durante su investigación, Klores descubrió que una de las víctimas mortales de Orangeburg era una estrella del baloncesto, y estaba en el campus porque su madre trabajaba como sirvienta en la universidad. “Eso me dio la excusa”, explica Klores. “Eso fue todo. Estaba un poco cogido por los pelos, pero me dije que valía, que era mi película”.
La cobertura periodística del tiroteo llamaba a engaño. El primer teletipo de Associated Press, que marcó el tono, describía el incidente como “un nutrido intercambio de disparos”, aunque luego se supo que los muertos estaban desarmados.
“Ésta es mi opinión de por qué la información no fue mejor”, explica Jack Bass, que informó del tiroteo para The Charlotte Observer, de Carolina del Norte: como los disparos sucedieron de noche, no había imágenes televisivas convincentes.
En el juicio por los sucesos nueve policías fueron absueltos. La única persona condenada fue Cleveland Sellers, que era el director del programa nacional del Comité No Violento de Coordinación de Estudiantes.
Sellers, que recibió un disparo en el hombro, fue condenado por alterar el orden público, y cumplió siete meses de condena.
Hoy lucha para que Orangeburg no caiga en el olvido.