A Madonna hay que verla como ella se presenta. Desde el principio de su carrera telegrafiando sus intenciones y etiquetándose más eficazmente que cualquier observador. Ha dado a sus discos títulos como Music, Erotica y, en 2005, Confessions on a dance floor, colección que mezcla reflexiones personales y bíblicas con bailes de discoteca. Bautizó una de sus giras con el nombre de ¿Quién es esa chica? y otra Reinvention.
Y sigue siendo tan directa en su undécimo disco, Hard candy. Es incuestionable que pretende agradar, y lo consigue. “Escoge el sabor que te guste y lo tendré para ti”, promete en la canción “Candy shop” que continúa diciendo: “Entra en mi tienda/tengo caramelos a granel”.
Es una invitación, sí, pero también una declaración. Hard candy es una satisfacción instantánea para el antojo de golosinas musicales así como para el poder comercial constante de “mi tienda”.
Madonna ha dejado de lado sus impulsos avant-pop y de salvar el mundo en Hard candy. Ha trabajado con fabricantes de éxitos consolidados. En lugar de provocaciones artísticas, está puliendo las bases del estrofa-estribilloestrofa.
Y en lugar de volver a reinventarse de principio a fin hace resonar deliberadamente el eco de sus primeros años.
Lo más que llega a acercarse el álbum a la conciencia social es con “4 minutes”, que muestra una cuenta atrás y a Justin Timberlake cantando: “¡Sólo tenemos cuatro minutos para salvar el mundo!”
En las letras de Hard candy todo apela a la sencillez y al pop, y la música se queda casi en el esqueleto.
Madonna compuso los temas con Justin Timberlake y con Pharrell Williams de The Neptunes, y la productora Timbaland añadió sus toques. Kanye West se dejó caer para rapear en “Beat goes on”.
Ella seguirá cantando a todas sus imitadoras durante décadas en “She’s not me” que equivale a declarar que ella es única, pero dejándolo caer como si fuera una advertencia a un amante: “Ella no se llama como yo”. Habla de una chica que intenta robar a un hombre copiando íntegramente a la cantante, desde su perfume hasta sus lecturas. Madonna canta: Ella nunca tendrá lo que tengo yo/No será lo mismo”.
Lo cual es cierto. Desde Madonna, nadie (ni siquiera otra de las clientes de The Neptunes, Britney Spears) se ha acercado a la misma química del flirteo, eficacia en el pop, conciertos espectaculares y tenacidad autoprogramada. Pero ella sigue sin bajar la guardia.
La canción con la estructura más poco convencional de Hard candy es “Incredible”. Vuelve a cantar sobre recuerdos felices en una producción cercana a lo que Williams hace en sus otros temas de The Neptunes: voces que se interrumpen entre sí, que entran y salen de los dobles tiempos, cambios de clave repentinos y giros de estilo de electrónica a rock pasando por la percusión desnuda, desde la proclamación, a las baladas, pasando por los cánticos, a medida que aparecen nuevos trozos de melodía. Y justo en el momento cumbre del tema, Madonna canta la palabra “incredible” (increíble) con la misma entonación que “material” en Material girl, un recuerdo feliz en cuatro notas imborrables.
Este disco es nostálgico, pero inteligente. El auténtico hogar de Madonna es la pista de baile, sitio ideal para quitarse de encima pretensiones y excesos. Ella ha tenido momentos profundos (Like a prayer, Ray of light), pero no todas las estrellas del pop han nacido para ser profundas a tiempo completo.