Roberta Corson recuerda el laboratorio de disección de su padre como un lugar feliz.
Su padre, David L. Bassett, era experto en anatomía y disección en la Universidad de Washington.
Durante más de 17 años, se dedicó a crear lo que ha sido llamada la colección más concienzuda y detallada de imágenes del cuerpo humano, por dentro y por fuera, jamás producida. En tercera dimensión.
En mancuerna con William Gruber, inventor del view-master, sistema de imágenes tridimensionales que la GAF Corporation popularizó como un juguete en los 60, Bassett creó el Atlas Estereoscópico de la Anatomía Humana, de 25 volúmenes, en 1962.
Incluía alrededor de 1.500 pares de diapositivas, junto con dibujos lineales que hacían más claros los detalles. Los pares de diapositivas podían examinarse con un view-master, lo que hacía que la cavidad pectoral luciera inmensa y que los detalles de la estructura y el tejido sobresalieran de manera inolvidable.
El atlas fue un éxito y las imágenes se convirtieron en un recurso para los estudiantes de medicina. Sin embargo, el atlas dejó de ser publicado en los 60.
Gracias a la escuela de medicina de la Universidad de Stanford, esta obra pronto estará disponible para todo el mundo. La escuela se encuentra en proceso de poner las imágenes en línea. También ha trabajado con eHuman, compañía del Valle del Silicio que espera cobrarles a estudiantes y curiosos por tener acceso al acervo. Pasar el ratón sobre una imagen en eHuman hará resaltar los detalles anatómicos y que aparezcan los dibujos lineales del atlas. El acceso a la colección de la cabeza y el cuello cuesta 8 dólares al mes. No hay nada más disponible en línea aún.
Incluso sin el estímulo estereoscópico, las imágenes son impresionantes. Vasos sanguíneos se agrupan en una maraña junto a una columna vertebral, y huesos pélvicos sobresalen como mariposas frente a un campo negro. La parte posterior de la cabeza, sus capas de piel y hueso retiradas en rebanadas, muestra la excavación desde el cuero cabelludo hasta el cerebro como la pared estratificada de un cañón.
Lucille Bassett, viuda de Bassett, le legó la colección a Stanford en su testamento.
Con el tiempo, cualquiera que tenga los lentes cada vez más populares que proporcionan una sensación de profundidad tridimensional en los videojuegos podrá ver las imágenes en línea en 3-D, señaló Robert Austrian, director ejecutivo de eHuman. Los dipositivos cuentan con veloces obturadores electrónicos que dan la ilusión óptica de tres dimensiones.
Corson proporcionó apuntes de las memorias inéditas de su madre, donde dice que antes de que Gruber contactara a su esposo para crear el atlas, ya se había intentado realizar un proyecto similar, aunque sólo bidimensional, en la Universidad de California. Un anatomista “intentó trabajar en cadáveres sin embalsamar de prisioneros ejecutados”. El resultado, escribió, “fue un desastre burdo y sangriento”.
Usar cuerpos embalsamados, pensaron Bassett y Gruber, les permitiría trabajar con tejidos mejor conservados. Su esposo comenzó la gran obra de su vida con la cabeza y el cuello; Corson tenía 3 años en ese momento. (Ahora tiene 64).
Pese a todos sus conocimientos, comentó Corson, su padre, quien murió en 1966 a los 52 años, conservó un sentido de “sorpresa y asombro” ante la complejidad de los cuerpos que deconstruía. Una vez, recordó, levantó su mano y le dio la vuelta frente a ella.
“Conozco cada músculo”, dijo. “Conozco cada nervio y cada vaso, pero hay tanto que nunca sabré”.