Cuando el Gobierno decidió, en marzo, incrementar los impuestos sobre las ganancias de los agricultores, una revuelta rural se desató en Argentina.
Durante tres semanas, agricultores enfurecidos bloquearon carreteras por todo el país, lo que paralizó las ventas de granos y carne y propició un desabastecimiento.
Desde entonces, el Gobierno ha intentado apaciguar a los agricultores inquietos en la mesa de negociación. Sin embargo, productores como los hermanos Marcelo y Pablo Marchetti, de la rica zona argentina de cultivo de granos, al oeste de la capital, dicen que las conversaciones no avanzan y son otra prueba más de que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que asumió el puesto hace apenas cuatro meses, no los comprende.
Los agricultores señalan que las políticas de Kirchner amenazan con dar marcha atrás a uno de los grandes auges agrícolas en la historia argentina y sofocar una revolución tecnológica y emprendedora que ha hecho del país una de las fuentes alimenticias importantes en un mundo aquejado por el hambre y los crecientes precios de los alimentos.
Las políticas de Kirchner han evocado recuerdos del general Juan Domingo Perón, que, a principios de los 50, utilizó las ganancias de las exportaciones agrícolas para industrializar al país y levantar a los pobres.
En un intento por controlar la inflación que los economistas independientes ubican en cerca del 20%, Kirchner también recurrió a las ganancias agrícolas y los controles sobre las exportaciones, en busca de elevar los subsidios a los pobres y las existencias alimenticias en casa.
El descontento de los agricultores ha crecido desde, por lo menos, el 2006, cuando Néstor Kirchner, marido y predecesor de la Presidenta, limitó las exportaciones de carne de res para asegurar un suministro barato en casa. Alguna vez un proveedor dominante de este producto, Argentina se ha visto superado por Brasil, que ha desarrollado la industria exportadora de carne de res más grande del mundo.
El descontento rural alcanzó un punto de ebullición, a principios de marzo, cuando el Gobierno aumentó los aranceles sobre las exportaciones por segunda vez desde octubre. Las políticas también han tenido el efecto de establecer topes a los precios.
Kirchner ha pintado a los agricultores como oligarcas ávaros.
Días después de que entraron en vigor las medidas más recientes sobre las exportaciones, los agricultores se movilizaron. A través de sitios de internet, teléfonos celulares y antenas satelitales, formaron una red de comunicaciones que conjuntó a las granjas de todos tamaños en un frente común unido contra el Gobierno.
La agricultura ocupa un lugar afamado en la historia argentina.
Un aumento en las exportaciones de carne y granos, entre 1880 y 1890, ayudó a los líderes del país a erigir Buenos Aires, ciudad de estilo europeo, y, durante un breve periodo, impulsó a Argentina hasta situarlo entre los 10 países más ricos del mundo.
Hoy, con los precios de la soya, el maíz y el trigo cerca de o en niveles récord, “era el momento de Argentina para alimentar al mundo”, asevera Dan Basse, presidente de AgResource Company, consultoría agrícola, en Chicago.
En Wenceslao Escalante, los hermanos Marchetti, ambos con títulos universitarios en contaduría, manifestaron que las políticas del Gobierno daban al traste con sus incentivos para producir más.
Han decidido no hacer ni una sola inversión en el próximo año.