El intérprete de Tony Stark fue adicto a las drogas, lo cual lo acerca con el personaje del cómic, que fue creado en 1963.
Las vidas de Robert Downey Jr. y de Iron Man, el superhéroe de cómic al que da vida en una película que esta semana se estrena en todo el mundo, tienen “paralelismos obvios”, admitió el actor estadounidense al hablar sobre un personaje “políticamente incorrecto” y muy problemático.
Downey Jr. se refirió así sobre el carácter de Tony Stark, la verdadera identidad de Iron Man y que destaca, tanto en el cómic como en el filme dirigido por Jon Favreau, por su gusto por el juego, el alcohol y las mujeres.
Adicción a las drogas, ingresos habituales en prisión y amplias temporadas en centros de rehabilitación fueron, durante años, parte de la rutina de Downey Jr.; estas circunstancias lo llevaron a ser el actor idóneo para interpretar a Iron Man, personaje creado por Stan Lee en abril de 1963.
“No hace falta que hable de los parecidos que me unen a Iron Man, porque todos sabemos que son obvios”, reconoció el controvertido actor.
“Tuve una empatía instantánea con el personaje. A mí siempre me gustan los personajes que son personas y no entiendo a esas criaturas que llegan de otros planetas”, ahondó el actor, quien destacó la valía de una historia de “redención”, en la que un hombre que se ha hecho rico gracias a las armas se da cuenta del daño que estas pueden causar.
Downey Jr., de 43 años, aspiró al premio Oscar como mejor actor por la película Chaplin (1992), sin embargo, su carrera sufrió un duro revés debido a su atracción por los estupefacientes, con los que coqueteó desde su infancia y de cuya adicción no se pudo librar hasta el 2002.
En esa fecha, el juez Randall White puso punto y final a los tres años de libertad condicional que estaba cumpliendo el actor tras haber permanecido un año completo en un programa de rehabilitación.
Los primeros arrestos del neoyorquino, nacido en el barrio de Greenwich Village, seguidos de una reincidencia e incluso de la violación de su libertad condicional, lo llevaron a cumplir condena en la prisión de Corcoran (California, EE.UU.) durante más de un año, hasta que salió en el 2000. Ese mismo año, y cuando se hablaba de una recuperación, no solo personal, sino artística, pues ganó el Globo de Oro por su trabajo en la serie Ally McBeal, el actor volvió a ser arrestado por posesión de drogas en un hotel de Palm Springs (California).
A raíz de esa detención, Downey Jr. permaneció prácticamente alejado de la luz pública y recibió ayuda en un centro de rehabilitación.
El artista comenzó a resurgir en el 2003 de la mano de su amigo Mel Gibson, con quien compartió escenas en The Singing Detective, y continuó gracias a la terrorífica y taquillera Gothika, junto a Halle Berry.
En ese año recibió de nuevo el elogio de la crítica estadounidense por Kiss Kiss Bang Bang (2005), lanzó un trabajo discográfico The Futurist y apareció en un papel secundario en Good Night, and Good Luck, de George Clooney. Downey volvió a demostrar por todo lo alto su categoría como actor en Zodiac (2007), la cinta de suspenso dirigida por David Fincher y donde encarna al periodista Paul Avery.
Aunque parece que Downey Jr. ha dejado atrás definitivamente la etapa conflictiva de su vida, los estudios aún se encuentran con que los seguros prefieren no cubrir su participación en los filmes por miedo a una posible recaída.