sábado 03 de mayo del 2008 Columnistas

La democracia, un ‘conversatorio’

En el Encuentro internacional sobre  ‘Cohesión social: inclusión y diálo-go con enfoque en derechos humanos’, que se celebró en Quito los días 28 y 29 de abril, organizado por Auditoría Democrática Andina con el apoyo de varias instituciones, entre otros temas, se trató el de ‘Derechos civiles y políticos, libertad de expresión, representación e institucionalidad en sociedades fragmenta-das y plurales’. Entre las exposiciones hubo una que quiero comentar con ustedes, amables lectores.

Wim Jansen, un periodista de Radio Nederland, de enorme experiencia y, además, un estudioso de la comunicación, planteó el tema con la siguiente definición: “La democracia es un ‘conversatorio’ permanente, público, con una amplia y diversa gama de personas. En ese sentido, la democracia es un modo de vida sustentado en la comunicación plural que ventila sin cortapisas las diferencias”.

A continuación se preguntaba, si la democracia se sustenta en los pilares de la comunicación, ¿cuáles son las responsabilidades de los medios con la democracia? La respuesta: fomentar una sociedad informada, canalizar las inquietudes sociales en la esfera pública y contribuir a la formación de la agenda política que abarque los temas fundamentales del desarrollo, la justicia y la seguridad.

Para que esto sea posible hay requisitos, unos atañen a los medios, otros son externos a ellos. Planteó algunos entre los que atañen a los medios: que la emisión, transmisión y recepción no excluya a nadie del derecho a la información; que exista diversidad y pluralidad de medios; que no haya connivencia de los medios con poderes económicos o políticos; que no haya manipulación en los medios; que los profesionales se cuiden de ser coimados por los poderes establecidos y los ocultos; que la información sea “de calidad, multifacética, esencial, profunda”.

Entre los requisitos externos para que la comunicación cumpla su papel en una democracia, citó la necesidad de públicos dotados de capacidades de recepción e interpretación de la información disponible, para mantener un adecuado equilibrio entre la abundancia de información y su procesamiento y uso personal, lo que requiere que aumenten progresivamente los niveles de educación de los ciudadanos.

El otro aspecto externo es “una información producida y transmitida sin cortapisas de ninguna índole; sin censura previa ni presiones sobre el derecho a informar”, y citó a Tomás Eloy Martínez: “No solo se necesita un cambio económico sino especialmente un cambio radical de modelo político. O si se prefiere, una renuncia definitiva a la consolidación de un pensamiento único que se exaspera cuando el menor atisbo de disenso asoma la cabeza”... “La razón de Estado es, frecuentemente, intolerante. Como lo es también la costumbre acerba del desprestigio sistemático de las opiniones minoritarias”.

He querido compartir estas ideas porque creo que en ellas queda claro que para vivir en democracia la comunicación verdadera es fundamental y que para convertirla efectivamente en el pilar que debe ser, todos tenemos una responsabilidad.
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