Recibo agradecidamente el regalo de la gracia de Dios
Gracia
Expando mi conciencia de la gracia en un momento de meditación. Tal como un collar de perlas extendido sobre la oscura tela del cielo, las estrellas y los planetas brillan.
Respiro lentamente, relajo mi cuerpo y absorbo los detalles únicos de esta imagen. Me maravillo de la creación de Dios. Llego a comprender que como su creación individual y valiosa, merezco su gracia. Ni lo que hago ni lo que dejo de hacer, pueden separarme de esta. Dios me ama incondicionalmente, y recibo su favor incondicionalmente.
Disfruto de misericordia, amor y bondad. Dejando ir poco a poco mis pensamientos de un cielo nocturno, regreso a mis actividades. La gracia está presente, aquí, ahora y siempre.
Lo maravilloso de la gracia divina es que es un regalo permanente y tierno de Dios.
–Efesios 2:10
“Pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras”.