Indocumentado.
El periodista ecuatoriano Paúl Fierro, su esposa e hijo, fueron deportados el pasado miércoles por las autoridades británicas, por no tener documentos.
Se preveía anoche su llegada a Quito, pese a los esfuerzos de la comunidad latina por impedir su deportación.
El compatriota es colaborador de la agencia local de noticias Minka News, es uno de los periodistas latinos del Reino Unido con mayor respaldo y credibilidad en la comunidad.
Gloria Gómez, cofundadora del movimiento “Latin Front”, a favor de la regularización e integración de los inmigrantes, afirmó que pese a los esfuerzos por evitarlo, la familia fue enviada a Ecuador en un avión.
Fierro se entregó voluntariamente a la policía después de que su esposa fuera detenida en una redada en busca de ilegales el pasado 24 de abril, en el barrio londinense de Elephant and Castle, donde viven muchos latinoamericanos.
El periodista también fue detenido por estar en forma ilegal en el país, aunque vive en Londres desde el 2000, y su hijo estudia desde hace siete años en una escuela local.
Gómez indicó que la deportación del periodista ecuatoriano se debe a no haber cumplido con su obligación de presentarse semanalmente a la policía, pero lo justificó al señalar el temor que existe entre los latinos ilegales porque son detenidos cuando se presentan y se los deporta sin miramientos.
Las fuertes campañas que realizaron los latinoamericanos que viven en esta capital, a favor de Fierro, llamaron la atención de los principales candidatos a las elecciones municipales celebradas ayer en Londres.
Varias organizaciones latinoamericanas expresaron su solidaridad con Fierro, del que destacan no solo su trabajo en varios medios de prensa locales destinados a los latinos, sino también su labor social a favor de los alcohólicos anónimos y los menores de aquel continente que viven aquí.
Gómez criticó al Ministerio del Interior por la “deportación sigilosa” de inmigrantes cada vez que hay una caza de ilegales, sin considerar que muchos tienen hijos nacidos en el país y llevan años viviendo allí.
“Yo le pedí una tregua al Ministerio del Interior para que no deportasen a los que llevan más de cinco años aquí con sus familias, pero no sirvió de nada”, reconoció Gómez.