Han pasado cuarenta años de aquel mayo francés que provocó un corte en dos en el planeta, y para conmemorarlo Jorge Enrique Adoum acaba de publicar Mayo de 1968 (¿siglo XXI?), libro en que, según Nicole Rouan, editora y compañera del escritor, “un personaje de poema” rinde su informe personal: “Los signos de interrogación en el título proyectan el poema al siglo en que vivimos y nos preguntan, me parece, si Mayo del 68 celebra hoy sus cuarenta primaveras o si murió el siglo pasado”. La inquietud invita a reflexionar el alcance que tiene el decir del poeta en las sociedades de hoy, porque los grandes sucesos se sedimentan también con la imaginación de los bardos, que retratan la historia de un modo tal que inauguran perspectivas para comprender el pasado en el presente.
El “personaje de poema” del libro es un testigo-participante de los acontecimientos parisinos que recorre los bulevares encendidos, cavila en la soledad de su vivienda y participa de la acción popular, azorado por la proeza colectiva, pero que percibe los sucesos desde su intimidad, en la que hace falta la mujer querida. Los hechos que hierven a cielo abierto se cruzan con sus afectos y surge una visión, a la vez, optimista y triste, sobre el destino de la lucha callejera, el Estado y la frágil condición que nos define, cuya marca no puede desprenderse de nuestro actuar y pensar. El mayo francés de estos versos fue (¿es?) una hermosa forma de apostar por lo soñado, por la utopía buscada; sin embargo, se imponen la tosca realidad del poder y las fuerzas del orden.
La percepción de que nace otra temporalidad es impactante: “Huelga general, descontento en el paraíso, semanas como un domingo de siete días”, escribe Adoum. La idea del sujeto aplastado por el orden cala en los huesos: “Es proletario quien ningún poder tiene sobre el empleo de su vida”. Los límites del tiempo nos atormentan: “La muerte es necesariamente una contrarrevolución”. La constatación de pertenecer a un colectivo pero con la soledad a cuestas muerde la conciencia: “Y no supe cuántos soy porque estoy uno”. ¿No nos falta –como país, como pueblo– una conmoción de la potencia transformadora de Mayo del 68? ¿Qué es habitar en el siglo XXI sino construir lo aún no realizado y cimentar la esperanza? El poeta parece saberlo: lo inédito, que incendia la escena social, está dentro de cada uno.
Nacido en 1926, Jorge Enrique Adoum es uno de los poetas más jóvenes y actuales de las letras hispanoamericanas, porque la visión del mundo de este poema renueva los puntos de vista con que participamos de la cotidianidad, porque desde esa especialidad que es la mirada poética registra el valor de la historia y la política con una serenidad que debería presentarse en nuestras acciones. Espero que este libro halle lectores –jefes, empleados, estudiantes, amas de casa, ciudadanos– que lean con ideales propios, que hagan de la poesía una vivencia que certifique que estamos despiertos y que celebre que la palabra revela al humano que llevamos dentro. El poeta Adoum concluye: “La política está en la calle”. Pero, mientras se respire, la vida de uno es lo más importante que hay sobre cualquier asfalto.