viernes 02 de mayo del 2008 Columnistas

Extremos peligrosos

Empresaurio es el término que ha utilizado algún político de moda para denominar a aquellos empresarios inescrupulosos, poco comprometidos con los intereses nacionales para quienes lo único importante es su lucro y el bienestar de su negocio.

De esos realmente hay muchos en el mundo y el Ecuador no puede ser una excepción.

Hay empresarios que históricamente han cimentado la rentabilidad de sus negocios en el fraude fiscal y en hacerle trampa a su fuerza laboral, pagando sueldos al margen de la Ley y sacándole el cuerpo a las responsabilidades laborales patronales.

Y todo ello con la complicidad de una burocracia corrupta que, con honrosas excepciones, ha danzado al son de las jugosas coimas que, para el  empresaurio,  representan un costo menor que pagar a sus trabajadores todos los valores que por ley les corres-ponde.

La intermediación es una forma que estos encontraron para legalizar sus prácticas dolosas de maltrato de su mano de obra, con las famosas rotaciones, simulaciones de dizque prestaciones de servicios de personal para  eludir el pago de sueldos dignos, sobretiempos, fondos de reserva, utilidades y en general, todas aquellas obligaciones previstas en la ley.

Y el abuso de esa norma legal es la que genera, en estos tiempos de izquierda verde, que la corriente ahora se vaya al otro extremo, al de los abusos de los trabajadores en perjuicio de los muchos empresarios serios y comprometidos con la producción del Ecuador.

No podemos calificar de otra forma a las propuestas de huelgas solidarias, oda a la vagancia y al vandalismo disfrazado de hermandad obrera, y a otras “perlas” que según entendidos en la materia estarían cocinándose en el mandato que prepara la Asamblea Constituyente.

O a la absurda eliminación del contrato de trabajo por horas, esa sí una herramienta valiosa para solucionar casos reales en los que por la naturaleza y condiciones especiales de la necesidad de fuerza laboral, la estabilidad concebida en la Ley laboral constituye un suicidio para el empresario que pretenda pagar sus impuestos y cumplir con la ley.

Entonces, al César lo que es del César: nuestros  empresaurios abusaron de la “larga noche neoliberal” (parafraseando al que sabemos) en la que los rojos (que hoy son guardia de choque de la revolución), impotentes, se refugiaban en sindicatos, movimientos sociales u organizaciones de derechos humanos; en la que las cortes fallaban a favor de la “derecha” o todo lo que se le aproximare.

Ahora que vivimos la larga noche del ultrasocialismo del siglo XXI, al parecer, la venganza resulta dulce.

Me pregunto, amigo lector, ¿y los de la mitad? ¿O sea, los que no hemos abusado, los que cumplimos la ley, los muchos ecuatorianos que no nos beneficiamos del poder de la derecha ni menos del que detentan ahora los revolucionarios del siglo XXI?

¿Será que no existe ni una sola “mente lúcida” con cordura y verdadera vocación de servicio a la patria para reaccionar frente a estos absurdos designios constituyentes que a fuerza de reivindicar derechos o vengar maltratos, más bien estarían dando el golpe de gracia a la producción local, en terapia intensiva desde hace algún tiempo?

¿O es que deliberadamente se busca el colapso del sistema?

Nos cuesta creer que en el Ecuador alguien conciba un modelo tan perverso.
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