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JUEVES | 1 de mayo del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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¡Hasta dónde se llega por causa del dinero!

Por dinero se puede ser capaz de todo: de robar, matar, engañar, traicionar, arriesgar la vida, humillarse, perder la dignidad...

Algo “poderoso” que empuja al hombre, de todos los tiempos, a cometer barbaridades lamentables se llama dinero. Algunos se aprovechan del apego o la necesidad que sienten otros. Y  a su vez, a costa de ellos, quieren ganar imagen y, por supuesto, también dinero. Esto ocurre sobre todo en sociedades como la nuestra, donde es difícil para muchos encontrar trabajo, donde las cosas son caras, donde los valores se están perdiendo, donde la gente en general anda desesperada por tener plata y resulta tentada.

Un ejemplo de esto lo vivimos por la pantalla chica, dos domingos, y para nuestro hogar han sido suficientes, porque no observaremos más cómo la persona se deja vender por billetes.

Imitando producciones extranjeras, y bajo el vergonzoso eslogan disfrazado, de que en una sociedad “hipócrita” sí hay “valientes” que se atreven a decir solamente toda su verdad ante sus conocidos y “todo el Ecuador”, y que no importa si ganan o pierden el juego, se someten al escarnio del rating. Causa gran lástima, más que asombro, que familias se dejen tentar y apoyen con su presencia al concursante y al programa, para  al final también salir con la vergüenza en la cara.

El jugador permite que escarben su vida íntima con un cuestionario que va acumulando sumas económicas, para admitir, por ejemplo, una participante joven que sueña con poder comprarse cosas y viajar, que rayó con una llave el carro de una persona que le cae mal, que tuvo relaciones sexuales por una apuesta, que le causó gracia partirle, por casualidad, la pata del gato de su hermana, a la que nunca le había dicho que ella lo hizo..., y al final ganarse cinco mil dólares por contestar la verdad; o admitir como concursante a un padre de familia, sin empleo fijo y metido en problemas por beber, que dudó de la paternidad de su hijo; que se robó el anillo de su hermano sin importarle que hayan acusado por años a un pariente; o decir que ama a su segunda y actual esposa, cuando el detector de mentiras al que cada interrogado ha sido sometido, dice que mintió y que sigue enamorado de su anterior mujer..., para al final perder el juego por haber mentido en una respuesta.

El show termina, y el conductor, queriendo lo que se conoce como “dorar la píldora”, para dizque dar “ánimo” al concursante que desnudó sus intimidades; le repite el mismo eslogan vergonzoso con el que abrió el juego, no importa ganar o perder, sino no ser hipócrita y haber venido a este programa a decir toda la verdad, a su familia y lo que es “más importante”, “al país entero”.

El espectáculo televisivo termina con rating, publicidad. El participante, expuesto a la luz pública, su rostro y voz quedan grabados para seguir haciendo propagandas del concurso, se va con unos dólares o sin un centavo, mas nunca programa alguno volverá a recuperarle la honra perdida.

¿Hasta dónde los programas se meten ¬aunque sea permitido por el concursante¬ a sacar intimidades tan delicadas?, ¿no piensan que contribuyen a destruir la paz de hogares, la ruptura de relaciones familiares, a causar traumas o resentimientos de parejas, de hijos negados, de hermanos y amigos engañados? Ya no solo hay programas donde se ve violencia, sino que encienden la discordia y posible violencia intrahogareña. Pero es para ellos solo un hogar, y el espectáculo continúa. El próximo domingo habrá otro participante.

José Ramos,
Guayaquil

Observaciones a un artículo II
Andrés Páez Benalcázar,
doctor, presidente nacional de la ID, Quito

Leído y analizado el artículo escrito por Emilio Palacio Urrutia, con el título ‘Marginales y Tercerización’, publicado el domingo 13 de abril, se resolvió:

Rechazar los términos de forma y fondo expresados en el artículo, por ser ofensivos y faltos a la verdadera realidad que han tenido que atravesar miles de familias que fueron llevadas a ocupar los territorios menos adecuados y propicios en la ciudad de Guayaquil.

Aclarar que el término lumpen, con el cual se califica al ciudadano que pasó a vivir en los territorios suburbanos, es insolente y deshonesto con las condiciones de las personas, pues no es un delito ser pobres económicamente y tener que depender de los usos y abusos de los grupos de poder económico y político, que de la manera más descarada, insolente e inhumana gozan y disfrutan del dolor del ser humano; pues no nos consideramos personas estúpidas, ignorantes, ni bestias desclasadas sin conciencia como nos endilga el columnista Palacio.

“El fenómeno de José María Velasco Ibarra, Assad Bucaram, y su sobrino Abdalá Bucaram reflejó el crecimiento de los barrios suburbanos”. Sí, estos políticos en su momento fueron parte del instrumento que diseñaron y prepararon las ambiciosas oligarquías y burguesías de Guayaquil. Hay que contar y decir la verdad, columnista Palacio. A inicio del año 1940 Guayaquil sufrió una fuerte migración campesina, a tal punto que su zona central fue insuficiente para albergar a miles de familias que salían expulsadas del campo en busca de mejorar sus condiciones de vida; los conventillos, altillos y espacios abiertos en bodegas, no podían recibir a esta población, y fueron los grupos poderosos económica y políticamente, que dándose cuenta de que eran miles de personas en busca de vivienda, las llevaron a ocupar los territorios del suroeste de la ciudad, lugares donde la naturaleza le había dotado a Guayaquil de su paraíso ecológico, ambiental, recreacional y productivo.

Estoy cumpliendo con el mandato de la Asamblea de los barrios del Ecuador, y estas líneas expresan las realidades y verdades de la vida de la mayor parte del pueblo, la que vive en los barrios suburbanos; no estamos inventando nada. Los ejemplos están a la vista. El 75% de la población vive en los territorios suburbanos de Guayaquil. El Diario EL UNIVERSO, desde su fundación, ha sido un ejemplo y orgullo para los ciudadanos que vivimos en Guayaquil.

Luis Gómez González,
arquitecto, presidente del XV Congreso de la Conbade (Confederación Nacional de Barrios del Ecuador), Guayaquil

Programas de televisión I

En mi calidad de ginecólogo especialista en reproducción humana, he visto y oído estupefacto, programas dominicales ¬que supuestamente son los de mayor sintonía en temas de orientación a la opinión pública¬ con relación a la despenalización del aborto.

Creo firmemente que esta problemática debe ser tratada desde tres puntos de vista u opiniones principales: científica, legislativa y religiosa, en su orden, sin descontar sus implicaciones de orden moral, social y psicológico... Los mencionados programas contaron con invitados sociólogos, psicólogos, abogados, psicoterapeutas, pastores, curas y asambleístas; pero ninguno con la opinión especializada del profesional médico. Además de que es muy vergonzoso escuchar discutir acaloradamente a dos o tres personas a la vez sin que el conductor del programa sea capaz de poner orden, y más bien observaba absorto de lado a lado tales intervenciones; el escuchar opiniones totalmente fuera de contexto, verbigracia: que la concepción es el inicio de la vida, porque así el Señor lo manifestó hace miles de años, mientras que los conocimientos de biología de la reproducción humana desde el nacimiento del primer bebé probeta en Inglaterra, en 1978, lo han desmentido categóricamente; que el año antepasado hubo en Ecuador únicamente tres muertes a causa de aborto provocado o criminal; que un testimonio aseguró que a causa de un aborto inducido, actualmente padece de cáncer uterino, y que una asambleísta ya sentía los movimientos y patadas de su hijo en estado de cigoto, etcétera.

Por favor, en qué país vivimos. Señores periodistas les suplico, eleven el nivel del periodismo en el ámbito nacional, porque estos programas tranquilamente podrían haber sido difundidos en vez del ‘desinformativo no-ticias’ o el ‘No te aburras’.

La total desinformación que ciertos programas ocasionan a la ciudadanía constituye un verdadero atentado al respeto de todas las personas que en mala hora los ven y escuchan. Debo confesar, en mi calidad de católico, que estoy totalmente en contra de la despenalización del aborto, pero considerando fundamentales excepciones como consta en el Código Penal que nos rige actualmente.

Iván Valencia Madera,
doctor, Guayaquil

Sobre el papel social y cultural de los medios de comunicación, los mensajes que  emite la ciudadanía en contra de ciertos programas y las personas que los dirigen, son como un tiro al centro del tablero; y si hay verdadera inteligencia, deben llegar al fondo de la conciencia moral de directores, programadores, conductores, actores e invitados especiales que se prestan para involucrarse en programaciones que pueden tener cualquier motivación, menos cultural y social.

Pienso que la única motivación para hacerlo ha de ser la económica. La gran pregunta es, ¿cómo se entiende que digan que pocas opiniones valerosas, inteligentes, experimentadas, están en contra de esos programas basura, que deben ser censurados y clausurados? Vemos a toda hora ¬y creo que en todos los canales de televisión¬ salas de audición completamente llenas, arregladas de manera elegante, y con supuestamente gente del “arte” y “periodismo” criticando, riéndose y burlándose de las personas que a ellos les da la regalada gana.

Por ello, me causan esperanza las opiniones y los artículos periodísticos claros y oportunos. Espero que este  mensaje llegue a la mesa especializada de la Asamblea Constituyente, para que nos libre de seguir aceptando miserias humanas sin nombre. Ya es hora de que alguien ponga punto final a la barbarie en contra de la cultura y la decencia.

Iván Pesántez Maldonado,
ingeniero comercial, Guayaquil

Programas de televisión II
De un tiempo a esta parte, los programas de  televisión, que se reprisan en ciudades principales de Estados Unidos, entregan  “programas sociales y hogareños” carentes de todo principio moral y de respeto a los miles de televidentes.

Sin lugar a dudas utilizan dicho medio (televisión) convertido por empresarios en el mejor negocio de todos los tiempos, para entregar “material”, de manera especial a la ciudad de Nueva York,  deshumanizado y violento.

Se entiende que toda programación televisada o escrita debe pasar por su revisión integral antes de su publicación, y esto precisamente no se haría en ciertos medios porque no se entiende de otra forma que la audiencia, presente y oyente, sea partícipe del ultraje a los más elementales principios de la honra; como cuando presentan a un padre de varios pupilos junto a su consorte, quien practica ahora el lesbianismo, pero antes esa madre abusó de uno de sus propios hijos, que  convertido en un ser perverso la humilla públicamente.

Nada se puede lograr si programaciones en mención, no tienen otro propósito que lograr amplia sintonía. ¿No se dice que los medios de comunicación están obligados a culturizar a las grandes mayorías? Si hay una forma de corromper a los pueblos, además de sus gobiernos, esta es una de aquellas, ¿no les parece?

Gilberto Crespo,
licenciado, Nueva York, EE.UU.

Yo les he explicado a mis hijos por qué es mejor que dediquen su tiempo a cosas buenas, en lugar de ver televisión porque cada vez destruye la mente.

Los motivo a la lectura y hacemos reflexión sobre los textos, a juegos de ingenio, a desarrollar la creatividad con tareas como pintar; hacer recetas de cocina, arreglos de desperfectos de casa, jardinería, hacer deportes, ver documentales didácticos, escuchar música y aprender de su historia; etcétera. A ellos no les llama la atención las novelas que casi todas tienen por trama presentar a las amantes como heroínas víctimas que se quedan con los hijos, la casa y el marido de otra, y a las esposas como las “brujas”; a las chicas y los chicos besarse e irse a vivir como pareja con amigos de su mismo sexo; o programas rosas donde grupillos hablan pestes de las intimidades de todo el mundo, y ven los rabos de paja de los demás, pero no los suyos. Basta de programas basura de televisión.

Jaime Ruiz,
padre de familia, Quito

Instalen semáforos

Parece que a los agentes del tránsito no los han instruido para que reporten las novedades que se dan en la ciudad, aun cuando no tengan que intervenir en los accidentes.

Peor todavía, parece que los jueces y fiscales no les remiten a las autoridades de tránsito los datos y detalles, aunque sea para estadísticas sobre las acciones iniciadas por las colisiones y otros accidentes en las calles.

Lo anterior se colige porque a pesar de los constantes problemas ocasionados a lo largo de la calle Escobedo, en sus tres continuas vías adyacentes, Padre Solano, Luis Urdaneta y Junín, que son muy traficadas y por eso todos los días se producen choques vehiculares que afortunadamente todavía no han dejado muertes; parece que se está esperando que eso ocurra para tomar correctivos, ya que ahí solo existe señal de disco pare, cuando deberían haberse colocado semáforos.

Es necesario que sean instalados semáforos en ese sector, y no lo que hicieron en la calle Urdaneta, en que por cuatro ocasiones fue movida la señal de disco pare; que estaba en esa vía, pero la trasladaron para Escobedo. Una semana más tarde la volvieron a poner en Urdaneta; poco tiempo después la instalaron para el lado de Escobedo, y a los dos días de eso increíblemente la regresaron otra vez hacia la calle Urdaneta.

¡Qué es esto, por favor!

En lugar de hacer eso, atiendan lo más pronto posible este importante pedido de la ciudadanía, de colocar semáforos en la zona indicada, y evitemos que se produzcan más accidentes de tránsito que podríamos lamentar el día de mañana.

Zaida Alvarado Martillo,
Guayaquil

Observaciones a un artículo I

Me refiero al artículo publicado por el columnista Emilio Palacio, el domingo 13 de abril, quien responsabiliza al Partido Izquierda Democrática (ID) por la existencia de la tercerización; hecho que no corresponde con la verdad, puesto que la figura de la intermediación laboral existe desde 1938 en el Código del Trabajo, y la figura del intermediario consta desde la Constitución de 1946.

Efectivamente, en noviembre de 1991 se expidió la Ley Nº 133, con la cual se produjo una reforma al Código del Trabajo. Entre los principales contenidos de dicha reforma aparecen los siguientes: se introdujo la figura de los contratos de tiempo indefinido, limitando a dos años la duración del contrato de plazo fijo; se añadieron los contratos eventuales, ocasionales y de temporada; se dispuso la negociación obligatoria de contratos colectivos en caso de renuencia del empleador a hacerlo; se determinó la conformación de un comité central único de trabajadores del sector público para que negocien sus contratos colectivos, evitando su proliferación;  se impusieron límites razonables a los contratos colectivos del sector público y se estableció la exigencia de informes presupuestarios previos; se amplió el descanso maternal de ocho semanas a doce semanas; se incrementaron los montos de las indemnizaciones por despido intempestivo; se introdujo la figura de la mediación obligatoria en el caso de conflictos colectivos; se reguló la declaración de huelga solidaria; se incrementaron las indemnizaciones por riesgos del trabajo, entre otras.

Estas normas constan incorporadas al Código del Trabajo, donde se puede verificar la certeza y exactitud de mis asertos.

De lo anterior, claramente se colige que la reforma laboral de 1991 fue altamente beneficiosa para los trabajadores y para la relación laboral en general, considerando que se produjo una modernización del derecho del trabajo que no atropelló los derechos de los trabajadores sino que por el contrario los mejoró y amplió. Sin embargo, se hizo deliberadamente una injusta campaña de desprestigio y persecución, valiéndose de este argumento y desdibujando los alcances de esa reforma.

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El Centro Especializado en Educación Matemática realizará el ‘Taller de Técnicas de Enseñanza de Relaciones Lógico Matemáticas en el Preescolar’, dirigido a maestras  parvularias hasta segundo de básica. Informes al 238-1988.

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