Un sector de las Fuerzas Armadas se acababa de levantar contra el Gobierno. La política económica del régimen y sus ataques a la prensa despertaban muchísimo malestar. Se acercaba el primero de mayo, que caería jueves, y el Presidente temía que la manifestación de los sindicalistas se convirtiese en una demostración de repudio contra el régimen. A algún asesor se le ocurrió entonces decretar un feriado de cuatro días, de jueves a domingo, para que los obreros vacacionen esos días y no vayan a protestar. La verdadera intención se la disfrazó diciendo que se buscaba promover el turismo. Las centrales sindicales, furiosas, denunciaron que todo eso era mentira, pero el Gobierno no cedió. Aun así las marchas por el Día del Trabajo fueron multitudinarias y contribuyeron al desgaste del régimen.
Todo esto no sucedió ahora sino hace veintiún años. El Presidente en 1986, no era Rafael Correa sino León Febres-Cordero, muy golpeado a la sazón por la insurrección de Frank Vargas Pazzos y por la escalada de los precios. Lo significativo es que dos décadas después, un Presidente de izquierda, con muchos problemas en las Fuerzas Armadas y con un malestar creciente por el alza de los precios, le copia el truco a la derecha. Quizás la única diferencia es que en 1986 el país estaba casi en bancarrota por la ruptura del oleoducto y las arcas fiscales se quedaron exhaustas, al punto que hubo que declarar la moratoria de la deuda externa. En cambio, a Rafael Correa le sobra el dinero; sus voceros económicos reconocen que nunca en la historia tuvimos un superávit fiscal tan alto, y el país está al día en el pago de la deuda externa.
¿Habrá sido Alexis Mera, ex asesor de Febres-Cordero y uno de los más importantes colaboradores de Correa, el que propuso el nuevo feriado? ¿O fue Alfredo Vera, dirigente de la Izquierda Democrática, que por supuesto recuerda todos los hechos de 1986 porque fue uno de sus protagonistas? No tengo la respuesta, pero una vez más confirmo que este Gobierno es una copia de los anteriores. La misma jeringa con otro bitoque, como decían nuestros abuelitos.
En todo caso, Correa tampoco cede por voluntad propia. Son los acontecimientos políticos los que lo obligan a retroceder. Así acaba de ocurrir con el Superintendente de Compañías. Después de decir que ponía las manos al fuego por su antiguo profesor de la secundaria, el Primer Mandatario se verá obligado a allanarse a la decisión de su propio Tribunal Supremo Electoral, que lo destituyó por actos de corrupción. Por favor, que alguien llame a los paramédicos para que le atiendan al Presidente sus manitas quemadas.
No sé cuán grande sea la manifestación de los obreros hoy, Día del Trabajo, que no es una fecha para vacacionar sino para rememorar las demandas del sindicalismo. Solo espero que las quejas de los trabadores no se dirijan exclusivamente contra Correa. Igual de responsables por lo que está ocurriendo son esos dirigentes populares y de izquierda –no todos, afortunadamente– que levantaban unas tesis contra Febres-Cordero, pero junto a Correa defienden exactamente las contrarias.
A algún asesor se le ocurrió decretar un feriado de cuatro días, de jueves a domingo, para que los obreros vacacionen esos días y no vayan a protestar.