<%@ Page Language="VB" compilationMode="never" %> <%@ OutputCache CacheProfile="CacheContentPage" %> eluniverso.com - La sociedad del futuro - Abr. 27, 2008 - COLUMNISTAS
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Edición del DOMINGO 27 de Abril del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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La sociedad del futuro
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Para los tibetanos, la espiritualidad no doctrinaria se complementa con la política y la ciencia.
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Ricardo Cevallos Estarellas | ricardo@elcuartoojo.com

Recientemente, las noticias han hablado mucho del Tíbet y de las protestas por la antorcha olímpica, pero hablan muy poco sobre la figura del Dalai Lama, un detalle fundamental para comprender esta historia.

Según los budistas, este señor sonriente, líder en exilio del pueblo tibetano, es la reencarnación de otro Dalai Lama que murió dos años antes del nacimiento de este. El Dalai Lama anterior fue la reencarnación de un Dalai Lama previo, y así sucesivamente hasta 1474, año en que, antes de morir, el primer Dalai Lama profetizó que regresaría. Desde 1578, este personaje ha sido el líder espiritual y político de los tibetanos, entre invasiones de pueblos vecinos y continuos intentos de exterminio. ¿Suena a cuento de hadas? Esperen.

Una teoría de la vida
Según la filosofía budista, a través de sucesivas reencarnaciones, las personas van depurando sus bajas pasiones y sus facetas más nobles empiezan a florecer. El budismo ve la búsqueda de placeres mundanos como un estado temprano de evolución y por tanto no lo censura. El sufrimiento es lo que más deja enseñanzas a las personas y las hace evolucionar. A medida que alguien va adquiriendo sabiduría interior, se ilumina el camino hacia la fuente interior de energía amorosa. Y esta energía amorosa proporciona satisfacciones más profundas y duraderas que los estímulos materiales. Gracias a ello, los placeres mundanos lucen genuinamente menos atractivos para ellos, y deja de ser necesario prohibirlas.

El budismo no exige una vida de sacrificio para evolucionar espiritualmente –solamente sugiere métodos. El más común es la meditación, una técnica que facilita el contacto con la mente superior y que no exige ser particularmente devoto para practicarla. Tampoco requiere cambiar de creencias: un maestro de meditación budista nunca pediría a alguien que adopte la cosmovisión budista.

En realidad el budismo no es una religión, pues no tiene reglas ni dogmas de fe. La fe, tal como la entendemos nosotros, no es vista por ellos como una virtud. Los budistas tibetanos suelen gozar del respeto de científicos e intelectuales de todo el mundo por dar gran importancia a la duda y al debate, así como por su escaso apego a reglas y ritos. De ahí el  boom de conferencias y libros de budismo tibetano en Europa, EE.UU. y, más recientemente, en América Latina.

La gente del futuro
En el año 1912 el Tíbet declaró su independencia de China, la que fue respetada por pocas décadas. Cuando el comunismo chino llegó al poder impuso en el Tíbet un sistema que si bien apuntaba a una sociedad más justa, falló a la hora de comprender las sutilezas de esta cultura. Por ejemplo, el hecho de que los tibetanos lleven su espiritualidad de manera muy integrada a su vida diaria, lo malinterpretaron como “fe ciega”, y desde entonces están empeñados en “reeducar” al Tíbet. La respuesta de los tibetanos ha sido tan negativa que se calcula que a consecuencia de la invasión china hace 58 años han desaparecido o muerto al menos 1’200.000 tibetanos.

Otro punto de conflicto ha sido el cuestionamiento total al Dalai Lama de seguir liderando a su pueblo, basados en el principio de la separación entre Iglesia y Estado. Este principio en política fue necesario en Occidente dado lo dogmáticas que son muchas religiones, lo que no ocurre en el Tíbet. Para los tibetanos, la ética es una sola, y en su avanzado concepto de sociedad, la espiritualidad no doctrinaria se complementa perfectamente con la política y la ciencia. Los tibetanos atribuyen parte del caos moral que vive Occidente al hecho de que la ciencia rechaza la espiritualidad y la espiritualidad rechaza la ciencia.

El Dalai Lama, como suele ocurrir a las personas que han alcanzado un cierto nivel espiritual, no luce muy interesado en el poder  y ha propuesto elecciones para que la gente elija a su líder. Mientas tanto, se ha dedicado a viajar por el mundo tratando de que la opinión pública mundial haga entender a los mandatarios chinos que ni las buenas causas justifican la imposición de reglas y peor la violencia. ¿Son los tibetanos un adelanto de lo que será el ser humano del futuro? Es muy probable.

Más información en www.elcuartoojo.com


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