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Abril 27, 2008

Se adivina un futuro con el petróleo aún más caro

A medida que el precio del petróleo ronda los 120 dólares el barril, el aumento constante de los costos pone en peligro un sistema que lleva más de un siglo proporcionando energía barata. “El mercado está indicando que hay un problema”, señala Jan Stuart, economista experto en petróleo a escala global de UBS, “que hay una dificultad cada vez mayor de hacer frente a la demanda con nuevos suministros”.

Lo que resulta sorprendente de estos precios persistentemente elevados es que no estén relacionados con una escasez de petróleo, con un embargo repentino o con que un exportador corte el grifo.

La debilidad del dólar, la preocupación por el terrorismo y la especulación sobre los mercados de productos básicos han tenido sin duda algo que ver. Pero obviamente, la demanda, también. Los productores se esfuerzan por extraer tanto como pueden para apagar la sed no sólo del mundo desarrollado, sino también de naciones en vías de desarrollo con un alto crecimiento como China e India, los dos países más poblados.

Para muchos expertos, lo más normal es que las tensiones de la actualidad sólo vayan a peor en los próximos años. Fijémonos en algunas cifras: se espera que la población del planeta crezca en 50% hasta llegar a los 9.000 millones en algún momento de mediados de siglo. Se calcula que el número de automóviles y camiones se va a duplicar en 30 años —hasta alcanzar los 2.000 millones—, a medida que las naciones en vías de desarrollo se modernizan a un ritmo cada vez acelerado. Y, con toda probabilidad, en 20 años surcarán los cielos el doble de aviones de pasajeros, es decir, más de 36.000.

Todo ello va a requerir mucho más petróleo, el suficiente como para que el consumo global se dispare cerca de 35% para el año 2030, según el Organismo Internacional para la Energía (OIE), uno de los principales expertos en proyecciones sobre energía por el que se guían Estados Unidos y otras naciones desarrolladas. Esto implica que los productores tendrán que encontrar y extraer 11.000 millones de barriles de petróleo más al año.

Y esto es sólo dentro de 22 años, es decir, poco tiempo para la industria del petróleo, en la que el ritmo de encontrar y explotar nuevas reservas se mide en décadas.

Se calcula que la demanda total de energía —petróleo, carbón, gas natural y energía nuclear, así como las fuentes de energía renovables como la eólica, solar e hidráulica— aumentará en 65% durante las próximas dos décadas, según el OIE. Pero el petróleo, el combustible dominante del siglo XX, seguirá siendo la fuente principal.

Cubre más de un tercio de las necesidades totales de energía del mundo, por delante del carbón y del gas. Refinado como gasolina, keroseno o diésel, el petróleo no cuenta con un sustituto viable como combustible para el transporte, y es probable que esta situación no cambie mucho en los próximos 30 años.

El problema es que nadie puede afirmar con seguridad de dónde vendrá todo este petróleo.

A lo largo del último siglo, el mundo quemó 1 billón de barriles de petróleo. Y 1,2 billones de barriles más de reservas convencionales de petróleo conocidas están esperando su extracción, según BP, una de las compañías petrolíferas más importantes del mundo.

Parece muchísimo, pero teniendo en cuenta la tasa actual del crecimiento en la demanda, en menos de 30 años se vaciará un billón de esos barriles.

Analistas calculan que queda otro billón de barriles que aún no se han encontrado, pero sería en lugares remotos, como el océano Ártico, donde la extracción será muy cara, o en países que podrían restringir el acceso. Esto puede que no les suene tan mal a los preocupados por las emisiones de dióxido de carbono y el cambio climático.

Los precios tan elevados acabarán obligando a la gente a ahorrar y alentarán el desarrollo de alternativas. Pero la crisis energética también podría provocar luchas por los recursos, guerras por la energía y unos precios mucho más altos.

Recientemente, en una conferencia sobre energía, John Hess, consejero delegado de Hess Corporation, empresa petrolera internacional, advertía que se nos vendría encima una crisis del petróleo si el mundo no hacía algo con la demanda desbocada y los suministros en vías de agotarse.

De momento, los suministros de petróleo del mundo ya se están estirando.

Los países que no forman parte del cartel de la OPEP, que ha sido la principal fuente de nuevos descubrimientos y de producción desde los años setenta, han predicho que este año va a haber un crecimiento muy lento o nulo en la producción de petróleo.

Algunos expertos no se preocupan tanto. Aseguran que la industria del petróleo es cíclica.

“Ahora mismo estamos en una burbuja”, explica Robert Mabro, un experto en petróleo muy conocido del Instituto para Estudios sobre Energía de Oxford. “Los precios están aumentando porque todo el mundo espera que lo hagan. Hemos visto que ha pasado lo mismo con el mercado inmobiliario”.

Aun así, casi con toda seguridad, el aumento del consumo del petróleo tendrá que ralentizarse en los próximos años.

Pero parece poco probable que las naciones en vías de desarrollo vayan a ser las primeras en reducir su consumo. China, India y Oriente Próximo están experimentando una expansión económica extraordinaria y necesitan energía barata para seguir creciendo y modernizándose.

¿Y qué pasa con Estados Unidos? El país apenas ha dado señales de estar dispuesto a enfocar sus necesidades energéticas de una forma racional. James Schlesinger, el primer secretario de Energía de la nación en los años setenta, señaló una vez que Estados Unidos era capaz de tener únicamente dos perspectivas en su política energética:

“La complacencia o la crisis”. Es el único de los principales países industrializados que ha visto aumentar su consumo de petróleo desde las crisis de los setenta y ochenta.


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