Panificadores de las comunas que no están agremiados elaboran pan con harina de hasta $ 49.
A más de las artesanías que se expenden en sus calles, Cadeate se ha ganado la fama de ser la ‘tierra del pan’. La concentración de aproximadamente 50 panaderías artesanales que tiene este pequeño pueblo costero ubicado en la Ruta del Sol, en Santa Elena, dan testimonio de su tradición panificadora.
Hasta hace un mes, en el lugar era factible conseguir un pan en $ 0,05.
La harina de trigo que los artesanos compraban hasta en $ 25 permitía que el precio del producto sea similar en todas las panaderías. La situación hoy es diferente.
Con una harina que actualmente llega a la mayoría de los panaderos con un valor superior a $ 49, en Cadeate convergen una variedad de precios. Unos optaron por armar combos, reducir el tamaño del pan o simplemente subir el costo de cada pan a $ 0,08 y $ 0,10.
Es que solo nueve panaderías de la comuna trabajan con la harina subsidiada por el Gobierno, que compran a través del Banco del Fomento a un costo de $ 22. Los establecimientos apenas son la mitad de los agremiados en la Asociación de Panificadores de Cadeate, requisito que les permite acceder al subsidio.
Juan Suárez, síndico de ese grupo, estima que el 80% de los panaderos de Cadeate están comprando el saco de harina sin el subsidio. “Un 15% está dejando de hacer pan porque ya no les alcanza”, afirma.
Algo similar ocurre a unos 30 minutos, en Manantial de Guangala, un poblado situado al interior de la franja costanera de la nueva provincia de Santa Elena.
De las cuatro panaderías que operan en la comuna, una dejó de abrir hace siete días por el alto precio de la harina. Las restantes tratan de sobrevivir con una harina que compran a $ 47 en La Libertad, un cantón a una hora de camino de ese sector.
Jorge Méndez, de la panadería Tres Hermanos, lamenta que al no contar con un gremio se vea obligado a trabajar con los altos costos de las materias primas (harina y grasas).
“Antes hacíamos 14 latas de pan y ahora nueve. Nos toca vender cada pan a $ 0,10 o tres por $ 0,25 para que la gente lleve”, asevera Méndez, el único de tres hermanos que quedó a cargo de la elaboración del pan. Sus dos hermanos decidieron probar suerte en Posorja (Guayas) y La Libertad (Santa Elena), en otros trabajos.
A Freddy Neira, panificador del lugar, en cambio le tocó reducir el tamaño del pan para mantener el precio a $ 0,05, porque “la gente no quería pagar” $ 0,10. Pero no sabe por cuánto tiempo resistirá su negocio con los insumos a altos precios y sin una afiliación para entrar a comprar harina subsidiada.
Otros panificadores de la zona muestran igual preocupación debido a que muchos laboran sin una afiliación. Dicen que a la mayoría les cogió de sorpresa el requisito de pertenecer a un gremio para comprar harina a bajo precio.
Eusebio Reyes, un panificador rural que trabaja sin agremiación, dice que espera concretar una afiliación para poder competir y mantener su negocio a flote con una harina de menor costo.
Más datos
Inquietudes
Registro
Una de las preocupaciones de los panificadores rurales radica en el hecho de que para aspirar a la harina subsidiada, a más de ser agremiados, deben presentar en próximas compras el Registro Único de Contribuyentes (RUC).
Requisito
“Nos dijeron que en próximos embarques cada panificador debe tener un RUC para comprar. En eso estamos preocupados, porque uno es un pequeño panificador para andar en esos trámites”, dijo Juan Suárez, síndico de la Asociación de Panificadores de Cadeate.