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SÁBADO | 26 de abril del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Museo de JJ es sitio obligado de visitar
Gran satisfacción sentimos los profesores del plantel donde trabajo, luego de la visita que hicimos al Museo de la Música Popular Julio Jaramillo Laurido (ubicado en el edificio tres, segundo piso del Puerto Santa Ana), como una fuente más de cultura abierta a nuestra ciudad para instruirnos y, sobre todo, darnos a los guayaquileños otro referente de identidad cultural.

Anotamos como algo excepcional el montaje de la obra tan secuencial, rítmica y decidora de didáctica activa. Recorrerla fue ir viviendo esa parte cultural musical del pueblo guayaquileño al que pertenecemos todos, y que en cualquier momento de nuestra vida cotidiana nos hace vibrar en los ritmos traídos a través de las generaciones de nuestros padres y abuelos, y que con  emoción seguimos escuchando de nuestros intérpretes criollos hasta la actualidad.

Mención importante la buena preparación de las guías, quienes evidencian no solo conocimientos sino también los sentimientos de afecto y respeto por lo que describen. A la señora Jenny Estrada, quien es la parte sustancial de este Museo, nuestra gratitud al habernos hecho vivir momentos excepcionales entre sus conocimientos de historia musical y la interpretación preciosa de algunos pasillos que nos brindara al piano. Fue un momento inolvidable que nos compromete, como maestros, el deber de llevar a nuestros alumnos.

Una vez más, nuestro reconocimiento al alcalde de Guayaquil, abogado Jaime Nebot Saadi, artífice de esta obra, y al arquitecto Melvin Hoyos, director municipal de Cultura, deseando perdure la obra para bien de Guayaquil.

Paúl Samaniego,
licenciado coordinador de Estudios Sociales del colegio Steiner, Guayaquil
Un casino en el malecón
El papa Benedicto XVI, ante la ONU, el 18 de abril, recordó: “El deber primario de todo Estado es proteger a la propia población de cualquier tipo de violación de los derechos humanos”.

Brillante reflexión que acojo para unirme a  las reclamaciones ante la monumental construcción de un centro de juegos de azar en el Malecón Simón Bolívar, junto al complejo de desarrollo cultural y frente a la Escuela Politécnica. La oposición surge en cuanto a su ubicación, ya que ese lugar fue concebido para elevar en nuestra ciudad las condiciones de vida intelectual y artística.

Un casino apoyaría la adicción. Va en oposición a la intención de educar para bien de la sociedad. Estas quejas deben ser acogidas por el gobierno de la ciudad para buscar otra ubicación; y las decisiones que tome sobre acciones que puedan afectar nuestros derechos de ciudadanos deben ser consensuadas.

Los promotores han escogido aquel lugar –adonde acude la juventud a realizar aprendizajes e investigaciones culturales, ver obras, teatro, cine...; incluso, es tránsito obligado de estudiantes de la Politécnica– por lo interesante de enganchar a esa comunidad. Mal puede una fundación, cuyo fin es generar bienestar social, ser permisible en la oposición de su esencia sin fines de lucro. En China, una pieza arquitectónica, además de adornar la ciudad de Huainan con su forma de piano y violín, tiene su función: se trata de un lugar para que estudiantes de colegio practiquen con sus instrumentos, ¡y qué manera más atractiva de estudiar!  Dentro del piano están las aulas y teatros para conciertos, y el violín es la entrada para llegar al edificio!
El Alcalde debe apoyar la reubicación del casino; sería el balneario de Playas el lugar adecuado.

Patsy de Rivera,
tecnóloga en arte, Guayaquil
Un casino en el malecón II
Con desazón leí en la prensa que la Fundación Malecón Simón Bolívar ha concesionado por varios años a unos promotores un espacio considerable en el río Guayas junto al malecón Simón Bolívar, para que construyan un casino.

Se violentaría la Ley de Turismo  y especialmente el reglamento de casinos que se expidió el 21 de diciembre del 2007, que entre otros considerandos señala: “La presencia de juegos de azar cerca de las escuelas y lugares de esparcimiento familiar es una amenaza y puede convertir a los niños en adictos al juego...”, y decreta con justísimo criterio que los casinos solo pueden estar ubicados dentro de hoteles de lujo y primera categoría, disposición que tiene más de treinta años.

Lo doloroso es que he visto durante los últimos años cómo se permite la proliferación de locales con máquinas tragamonedas, a pesar de que se suscribió un convenio entre el Cabildo guayaquileño y el Ministerio de Turismo, y se creó la Dirección de Turismo Municipal, que debe otorgar la licencia anual de funcionamiento solo a los establecimientos que cuentan con el registro otorgado por el Ministerio de Turismo y por ende cumplan las leyes.

¿Por qué la entidad sin fines de lucro concesiona una parte del río Guayas a una empresa privada que sí tiene fines de lucro?, ¿por qué no dicen su identidad?, ¿acaso competencias están siendo aprovechadas para beneficio de unos cuantos y no de la comunidad? Permitir negocios de esta naturaleza que benefician a unos pocos y merman los ingresos familiares, no es turismo, no es amar a Guayaquil. Se debe dar marcha atrás a esa  construcción. Si no se  rectifica, el Presidente de la República debe pedir que se investigue quiénes son los promotores, con qué atribuciones una fundación concesionó el río Guayas, y disponer que los ministros de Gobierno y de Turismo clausuren todos los negocios de juegos de azar que no cuenten con registros ni per-misos.

Mariella Zunino D.,
abogada, Guayaquil
Un casino en el malecón III

En algunos lugares del mundo hay casinos en la playa cerca del mar o de un río, y son instalaciones muy exclusivas para gente adinerada; incluso para ingresar a esos lugares se debe ir muy elegantes con corbata y todo.

A esos lugares exclusivos no entra cualquiera que lleva su chanchito de alcancía con las ganas de que se le triplique su dinero en un juego; entonces, quienes acuden son los que se dicen “billetudos”. Esos locales no atentan contra los padres de familia de clase media o pobre, porque primero deberán comprarse un elegante terno oscuro para poder entrar a esos casinos. Si el que piensan hacer en Guayaquil es de esa naturaleza, para millonarios, se justificaría porque daría trabajo a gendarmes, porteros, botones, para atender el bar, la limpieza, y más personal. Con todo debe hacerse una encuesta para saber primero lo que quiere la ciudadanía.

Silvio Panchana,
Madrid, España
 
Es increíble la actitud de los medios, que siendo conocedores de las leyes y normas  no hacen un análisis profundo y objetivo del tema, pensando en la ciudad.

¿Acaso no les parece inaudito que una fundación tenga concesionadas las riberas del golfo de Guayaquil y se permita entregar un tramo de nuestro lecho del río a una empresa extranjera por 30 años?
¿Acaso el malecón parecido al Bay Side de Miami  se va a parecer a Las Vegas? El Ministerio de Turismo que aclare esto. ¿Y la Marina?

Se está rompiendo el principio fundamental del malecón, un paseo familiar y de turismo de buenas costumbres, lo cual se verá arrollado por un espacio que fomentaría la ludopatía de los pobres que querrán dejar de serlo en una jalada de palanca o en la ruleta. No a casinos en el Guayas.

Octavio Villacreses,
arquitecto, Guayaquil

Los adultos que por ambición o adicción van a salones de juegos de azar, casinos, a botar toda su poca plata para luego andar desesperados porque no tienen cómo pagar sus deudas ni para dar de comer a sus hijos, es decisión de ellos elegir entre lo bueno y lo malo; pero cuando se trata de jóvenes, y peor adolescentes y niños de hasta 7 años que van a jugar en máquinas tragamonedas, la cosa es peor porque se está contribuyendo a enviciar al futuro de la patria, y a empujarlos a quién sabe qué con tal de conseguir dinero para ir a gastarlo de esa forma.

Un casino de lujo y solo para ricos  pueden hacerlo bien lejos del sector residencial y comercial, pero no dentro de la ciudad ni en un malecón hecho para que las familias de escasos recursos tengan un lindo lugar de esparcimiento, ni arrendar para ese fin un espacio junto al río. Lo que hace el Alcalde, apoyar con obras, negocios como pizzerías, a pandilleros jóvenes rehabilitados, es hermoso y en eso debe continuar, regenerando su ciudad y sus habitantes.

Gladys de Moncayo,
Guayaquil

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