Miércoles 23 de abril del 2008 Editorial

Jóvenes sin espacios


Hace tres días, en cambio, se hizo público  que hay  organizaciones de jóvenes que deben escuchar su música en locales peligrosos porque ninguna institución estatal se preocupa por ellos. Esta vez el costo fue de 15 vidas inocentes, desgarradas por las llamas.

Cierto es que para apoyar esas actividades juveniles no bastaría con un edificio adecuado para la música rock. Los chicos de las llamadas agrupaciones de “ultratumba” no solo escuchan música; además, están influidos por conceptos de muerte. Por eso necesitan orientación, consejo profesional y ver de cerca otros valores en la vida. La experiencia del trabajo con pandillas en Guayaquil podría servir de ejemplo. Pero la sociedad ganaría mucho más así que auspiciando congresos terroristas.
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