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Quinua e indígenas |
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Se diría que la quinua, como el ave fénix, puede renacer de sus cenizas. La misma, venturosa suerte, ha sido deparada a las manos que, desde hace milenios, han cultivado este grano. Habrá cambiado, sí, el modo de organizar su producción y consumo. Y acaso habrá cambiado también el género de sus cultores, puesto que son ahora mujeres quienes, en silencio y con tesón, han renovado la cultura de sus ancestros: se sabe que la quinua en la región andina (y el amaranto en Mesoamérica) fueron alimentos genuina y sabiamente venerados por los pueblos indígenas de antaño.
Pero se sabe así mismo que esos grandes consumidores de trigo que fueron los conquistadores españoles, no gustaron de este grano; peor aún, intolerantes en cuanto a creencias y religión, condenaron a la quinua y al amaranto, que los indígenas consideraban alimentos de origen divino, ofrecidos por los dioses para sustento de los humanos. Choque brutal de culturas, enfrentamiento llevado incluso a nivel de la mesa: para erradicar “idolatrías” los conquistadores vetaron la quinua y el amaranto.
Tras la II Guerra Mundial, sin embargo, el análisis químico de las medicinas de origen vegetal y de los alimentos se aceleró y profundizó. En el caso de la quinua, se encontró que tanto en sus macronutrientes (proteínas, grasas e hidratos de carbono) como en sus micronutrientes (ácidos aminados y grasos esenciales y otros) era el grano que más se acercaba a cubrir los requerimientos nutricionales de la especie humana. De la enorme variedad de alimentos que nos ofrece la naturaleza, la quinua estaba entre los dos o tres mejores del mundo. En especial, resultaba espléndida para la alimentación infantil.
A punto de extinguirse de nuestros cultivos en los años cuarenta, hoy y gracias al conocimiento de su altísimo valor nutricional, se expende la quinua desde los mercados populares hasta los supermercados y, merced a sus bondades gastronómicas, se la encuentra entre las exquisiteces de finos y exigentes paladares.
El caso es que, una década atrás, en la provincia de Chimborazo se formaron las primeras cooperativas de campesinas indias dedicadas a producir quinua. Un gran proyecto denominado Randimpag (en quichua: trabajo comunitario) se puso en marcha desde el 2002. Participan en él más de seis mil familias de Chimborazo, y el sistema ha venido extendiéndose a otras provincias. Digno de admirarse, en Randimpag quienes trabajan, organizan, y dirigen la empresa son mujeres. Cuentan con el respaldo de un fideicomiso del Fondo Ecuatoriano-Canadiense de Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento y otras instituciones, de las cuales, además, reciben asesoramiento técnico. Por ahora, a más de abastecer su propio consumo y el del país, ellas exportan un contenedor mensual de quinua y amaranto a Estados Unidos y Francia, y dentro de unos meses exportarán a otros países. Nada menos que los ingresos familiares se han sextuplicado y las condiciones de vida de estas familias han mejorado sustancialmente. |
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| Iván Sandoval |
Nuestro invitado | |
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Rosalinda Villalva dictará un seminario-taller de Redacción Comercial. El seminario está previsto este viernes y sábado en el Centro Villalva.
Víctor Manuel Rendón 301 y Pedro Carbo. Informes: 256-1191, 256-1194 o a rvillalva@consultoriagerencial.com |
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