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¿Constituyente de la sexualidad? |
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“El hombre es el único animal al que la época de celo le dura todo el año”, decía Enrique Jardiel Poncela allá por la década de 1920. La ocurrencia del escritor español evoca su aguda percepción del doble carácter de nuestra especie: animal y humana, y del hecho de que por ello nuestra sexualidad no se constituye ni funciona estrictamente sometida a las leyes de la naturaleza, y tampoco a las leyes que las sociedades humanas establecen. Consecuencia de ello es el peregrinaje a Montecristi para que la Asamblea Constituyente pueda regular por ley aquello que aparece, desde hace milenios, entre la naturaleza y las leyes: los abortos y la situación de las parejas homosexuales. A ello se añadiría, en un futuro, la discusión sobre la adopción de niños para parejas gay o su posibilidad de usar tecnología reproductiva para tener familia, y los usos de la investigación sobre células madre. ¿Qué une a todas estas discusiones? Esta dificultad propia de la sexualidad humana.
Si la sexualidad humana no se constituye de modo natural, y si las leyes de los estados, a lo sumo, pueden penalizar o despenalizar ciertas prácticas sin impedir que ellas existan, entonces, ¿cómo se constituye? Seguramente en este espacio exclusivo de los seres hablantes, entre la naturaleza y el derecho, entre la biología y la cultura. El psicoanálisis, fundado por Sigmund Freud y constituido por Jacques Lacan, propone que la sexuación (nuestra inscripción ya sea del lado masculino o del femenino) y la sexualidad (nuestras prácticas discursivas, afectivas, simbólicas, sociales, políticas y eróticas en tanto somos seres sexuados) se establecen a través de un proceso que discurre entre la naturaleza y la cultura, de la una hacia la otra.
En este proceso intervienen: el real de nuestro organismo biológico, el imaginario de nuestra identificación con roles de género e imágenes que cada sociedad y familia proponen para ambos sexos, y el simbólico de las distintas posiciones en las que hombres y mujeres se ubican en relación con el falo, que no es el órgano viril en su anatomía sino el símbolo que organiza el lenguaje y nuestra relación con él como hombres o como mujeres. No hay un tercer sexo; también los GLBT saben que solo hay dos puertas para ir al baño en un restaurante. Todos los humanos pasamos por este proceso y nos ubicamos, cada uno, en la sexuación y en la sexualidad, incluyendo las comunidades GLBT, las comunidades religiosas… y el Papa.
Para el psicoanálisis, la ley de prohibición del incesto es la primera y la única Ley universal sobre la sexualidad. De esta Ley se derivan todas las leyes… y constituciones que rigen la vida social y las relaciones de la humanidad en los diversos campos de su vida, incluyendo las normas que pretenden regular su conducta sexual. Estas normas son propias de cada sociedad, de cada cultura y para una época determinada, aunque tengan algunos enunciados comunes o más duraderos. La Asamblea Constituyente no “constituye” la sexualidad. Aunque haya una decisión en Montecristi sobre el aborto o sobre los derechos de las parejas homosexuales, el debate permanece abierto. Seguiremos discutiendo… toda la vida. Prosigamos entonces.
* Médico psiquiatra y profesor universitario. |
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