Los militares con ayuda de GPS confirmaron que la instalación estaba en zona ecuatoriana.
El pasado sábado a las 11:45, a 60 metros de altura sobre la selva, en medio de una pertinaz llovizna, los pilotos de un helicóptero Super Puma del Ejército ecuatoriano lideraron una peligrosa maniobra para hacer descender, a través de un cable de acero, a fuerzas élites que tomaron y destruyeron un campamento militar clandestino.
El sitio fue descubierto horas antes por una patrulla terrestre que realizaba un control de rutina en la zona de frontera.
Un grupo de comandos combinados de las Fuerzas Especiales de varios repartos militares de Esmeraldas, Cotopaxi y Guayas, descendieron y abrieron un claro en medio de la espesa selva para permitir el descenso de un fiscal y de otras autoridades hacia la zona donde se produjo el hallazgo.
Perfectamente camuflada en medio de la tupida vegetación, los comandos descubrieron tres caletas, en la que se almacenaba un arsenal bélico, precursores químicos e implementos militares, los cuales, al parecer, pretendían ser utilizados para la refinación de pasta base de cocaína.
El sitio, que era imposible de localizar por sobrevuelo, estaba ubicado en territorio ecuatoriano, cerca del destacamento militar de Tobar Donoso, en Carchi, y a pocos metros de la línea de frontera con Colombia.
Oficiales del Ejército que participaron del operativo informaron que frente al sector opera una columna guerrillera de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), del frente Daniel Aldana.
En medio de estrictas medidas de seguridad, los militares desmantelaron el lugar donde se encontraron 800 cartuchos calibre 0.50 para artillería antiaérea, 8 tubos de mortero de 81 milímetros, 28 granadas de 81 milímetros, 15 granadas de 11 milímetros, 11 granadas tipo limón, 600 tacos de pentolita, 50 frascos de pólvora negra, 2.500 metros de cordón detonante, 14 minas antipersonales, 85 tanques con acetona con capacidad para 55 galones cada uno.
Especialistas en explosivos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército levantaron un inventario de los explosivos y material incautado y con la supervisión de un fiscal de Esmeraldas destruyeron el material mediante una detonación, que ellos llaman controlada, pero cuya onda explosiva se la escuchó a 6 kilómetros de distancia.
La explosión fue tan violenta que uno de los expertos que estaba, presuntamente a una distancia segura, resultó con quemaduras en la cara y manos, por lo que fue evacuado al hospital Naval de Esmeraldas.