Está próxima la legalización de los taxis informales, a quienes los taxistas amarillos los llaman piratas, así como los taxis ejecutivos conocidos como taxi amigo. Frente a esta situación, decenas de personas, entre ellas dirigentes políticos, apuran en la creación de compañías para ser tomadas en cuenta.
Pedro Bajaña fue contundente con la persona interesada en incorporar su carro modelo 2007 como taxi amigo. “Lo mío es del gobierno. Yo soy de PAIS, tengo un movimiento en Sauces 3 y por eso me van a autorizar para trabajar en el Ministerio del Litoral. Mire, son quince pisos de oficinas públicas y el trabajo es seguro. Ya la Asamblea legalizará el taxi ejecutivo, nosotros formamos la compañía y listo”, le dijo al transportista.
Mediante anuncios en la prensa, Bajaña trata de reunir suficientes vehículos para crear una empresa y prestar sus servicios de taxi amigo en ese Ministerio, en el norte de Guayaquil. Cuando este Diario le indagó sobre el tema afirmó tener todos los permisos para operar. A los conductores que le solicitan información telefónica los cita al Ministerio o al local de Bajatour, en Sauces 3. Ahí es la sede de su Movimiento Independiente Revolucionario Chavista de Ecuador (Mirache).
Un aporte de $ 200 como inscripción y un derecho de frecuencia diaria de $ 2 es el pedido de Bajaña a los conductores. Además les anticipa que deben invertir en la compra de un teléfono celular, tener los papeles en regla y licencia profesional.
Como Bajaña, decenas de personas y supuestas compañías publican anuncios en los diarios, en el que “solicitan vehículos para servicio ejecutivo, de forma urgente”. La aprobación en la Asamblea de un artículo de la nueva Ley de Movilidad Sustentable, el 53, que permite la legalización del servicio de taxis informales y ejecutivos, ha desatado una carrera contra el tiempo en la pretensión de formar compañías de ese tipo.
Los interesados se encuentran con una variada oferta. Así, una persona que dice ser miembro de la Cámara de Transporte Ejecutivo del Guayas explica que necesita autos modelo 2006 en adelante. Solicita $ 150 para gastos administrativos, “porque hay que gestionar en la Asamblea”.
Otro interesado en captar autos pide $ 800 como inscripción, con derecho al equipo de radio; o da facilidades con $ 200 de entrada y cuotas de $ 50.
Esta fiebre de crear compañías de taxi amigo o ejecutivo, ante su inminente legalización como sistema de transporte, tiene preocupados a quienes laboran bajo esa modalidad hace años y a los taxistas amarillos.
Uno de los grupos más identificados es la Asociación de empresas de movilización privada y ejecutiva, que agrupa a 16 compañías muy conocidas en el mercado como Fast Line, Vipcar, Rueda Car, Transrabit, entre otras. Es también un grupo cuestionado por el presidente de la Federación Nacional de Taxistas, Jorge Calderón, quien asegura que está formada por capitalistas, militares, policías y vigilantes, activos y pasivos, quienes serían propietarios de decenas de carros.
Gonzalo Rueda, ex capitán de la Armada Nacional y gerente de Rueda Car, es el presidente de la asociación de 16 empresas que totalizan 2.720 vehículos. Reconoce que entre los socios el 10% son uniformados, pero retirados, pues los activos están impedidos por la Ley. Asimismo, señala que el 40% son empleados públicos o privados, “que completan su sueldo con su carro”. Pero aclara que tienen el legítimo derecho al trabajo.
El sistema de taxi ejecutivo, conocido entre los usuarios como taxi amigo, ha tenido un desarrollo mayor en Guayaquil, ciudad donde el servicio que prestan los taxis amarillos es cuestionado, pues los usuarios dicen que son autos vetustos, despintados, con vidrios que no se cierran e intenso olor a gas.
El taxi amigo tiene una base a la que se contacta por teléfono o por mensajes de celular y le envían un auto a la dirección solicitada. Es un servicio puerta a puerta, en carros con aire acondicionado, a disposición de empresas o particulares.
De las 16 compañías agrupadas en la asociación, diez sirven exclusivamente en Guayaquil, tres solo en Quito y tres en ambas ciudades. Pero también existen otras, muchas de ellas informales, constituidas por diez o quince autos, con bases en barrios o centros comerciales.
Uno de estos casos. En un centro comercial del sur de Guayaquil sirve Galarent. El cupo por entrar a esta cuesta $ 1.000; además de una cuota de $ 40 semanales, según los socios.
Las compañías son de propiedad de varias personas. Su rentabilidad se logra por la inscripción y las cuotas semanales o mensuales que aportan los propietarios de los vehículos en calidad de uso de frecuencia.
En las empresas consideradas grandes, el cupo vale de $ 1.000 a $ 2.000; incluye la entrega de una radio y dispositivo satelital de localización. El uso de frecuencia varía. Unas cobran $ 7 diarios o, como Rueda Car, perciben el 10% del ingreso diario.
“Con eso pagamos a quienes atienden las llamadas durante las 24 horas, los gastos administrativos; mantenemos el equipo satelital”, dice un dirigente.
En el caso de los dueños de autos, no hay control sobre el número que poseen. Los ingresos para ellos varían según el trabajo. Javier, socio de Galarent, labora nueve horas diarias y realiza de 30 a 60 carreras.
Obtiene $ 200 semanales. Desde octubre del 2006 paga $ 360 mensuales por el Chevrolet Corsa con el que labora y del que ha cancelado 17 de las 48 letras.
Si se trata de ingresos variables, los tienen también quienes laboran como choferes de taxi amigo. Un conductor con licencia profesional percibe el sueldo básico ($ 320 para autos pequeños). Solo las compañías legalizadas ocupan sus servicios. Las informales emplean a los sportman (con licencia deportiva) con una paga de $ 250.
Un buen porcentaje labora por tarifa diaria de alquiler. Javier, por ejemplo, trabaja 12 horas al día. Dice que consigue un promedio diario de ingresos de $ 40 a $ 50. De eso paga $ 20 al dueño del automotor y corre los gastos de gasolina, unos $ 12. “A él (dueño) solo le interesan sus 20 dólares diarios, lo demás es para mí”, señala el chofer, de 28 años, bachiller, casado y padre de un niño de 11 años.
No se puede determinar el número exacto de compañías de taxi amigo en el país, a excepción de las agrupadas en la asociación presidida por Rueda.
En Quito, por ejemplo, al menos 40 empresas, que suman 600 autos, laboran en la zona del Valle de los Chillos. Alexandra Gualichico, gerente de Cuntursa, menciona que su compañía labora hace ocho años en Cumbayá. Tiene 45 unidades que prestan su servicio a dos empresas y a clientes conocidos. “Nosotros no les quitamos nada a los amarillos. Nos llaman y damos servicio exclusivo”, dice.
Los usuarios del taxi amigo afirman que los prefieren por comodidad. Jorge Salazar, comerciante guayaquileño de 55 años, refiere que “el servicio es mejor y son más cómodos”. Pero Shirley Castro, secretaria de 39 años, recomienda tener cuidado. “Antes usaba solo taxi amigo porque me parecían más seguros, pero ahora tengo dudas porque a un primo lo drogaron en uno de esos autos”, afirma.
Si bien el artículo que legaliza a los taxi amigos está casi listo en Montecristi, la presión de los amarillos y el respaldo a la reforma por parte de los dirigentes de los ejecutivos sigue. Mientras, el presidente Rafael Correa dejó en claro su postura al intervenir frente a una concentración de propietarios de taxi ejecutivo el pasado jueves.
El Mandatario indicó que no habrá marcha atrás en la legalización de los taxis informales y ejecutivos. En el caso de los primeros, a quienes los taxistas amarillos los llaman piratas, indicó que deben organizarse y pintar de amarillo sus carros.
Sobre los ejecutivos, dijo que serán legalizados como tal. No habló de cambios de color, pero anticipó que deben devolver sus frecuencias de radio actuales y gestionar otras. “Un carro por dueño y licencia profesional”, es la regla básica. Con ello, la legalización está cerca.