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Es difícil hallar el camino |
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“Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar” (Machado). Ningún sendero está trazado, desbrozamos, descombramos, son cruces, empalmes: la palabra alternativa no tiene plural. La única baliza es aquella certeza de mi libertad frente a mis propios actos.
Lo vemos todo a través de nuestro yo, falsificamos a menudo nuestras acciones. Nos creemos inmortales dando importancia a las efímeras apariencias. Envejecemos, no aprendemos, acumulamos, no somos felices sino cuando logramos salir de nuestra propia cárcel, la que fabricamos con bienes de consumo. La vida es aquel túnel que empieza desde el útero materno, nos permite un día cualquiera asomarnos a la luz. Dicen que después de un recorrido por el planeta volvemos a ingresar al túnel y la última noche desemboca en orgías de luces. En el fondo, la sexualidad es vuelta al terruño donde sembramos vida, despertamos sensaciones, es otra y otra vez el túnel de donde mana la humanidad desde que el primer hombre descubrió su legado de semillas, no halló mejor terreno que la humedad femenina. Entonces todo se volvió rito sagrado.
Es arduo hallar el chaquiñán, el atajo, soñamos con coronar cimas mientras lo esencial es subir, trepar con el corazón latiendo en un hilo a su máxima frecuencia. El andinista no se pregunta por qué desafía, solo piensa en seguir escalando. La vida se abre, movedizo horizonte, páginas del libro nuestro sin que sepamos cuál será el final, si nos dejarán terminar la lectura. Mis años, otoño en que me hallo, me encauzan hacia maravillosas astillas de felicidad. Sísifo empuja la roca que siempre vuelve a caer, pero sigue obstinado peleando con ella. La dicha asoma cuando dejamos abierta la puerta, cuando anidamos en nuestro corazón a quienes buscan refugio. De pronto equivocamos el rumbo, dejando fuera a seres esperanzados, los que solo recibieron migajas. Es cuando debemos sentirnos miserables. Tenemos circunstancias atenuantes, somos humanos y no vemos más allá de nuestras narices. Recibimos sin dar el valor real a lo que nos obsequiaron. No hay peor ignorancia que la de ser amados sin darnos cuenta. El amor es todo o no es nada, no existe peor desgracia que la de no saber amar hasta perder el sentido de las proporciones.
Luego la locura, la maravillosa locura. La gente muy cuerda me aburre, parece que tiene un reloj en el pecho en vez de corazón. El amor no tiene horario, no se preocupa del lugar, la hora, el qué dirán, arma líos mayúsculos, hace trizas el corazón, atropella convicciones, nos convierte en lo que somos o nos vuelve mejores de lo que somos.
Es difícil hallar el camino porque no existe, lo vamos abriendo como el gusano de seda deja su huella. La rosa nunca se pregunta por qué crece, por qué se abre, por qué se marchita. Gertrude Stein lo dijo así de un modo repetitivo, obstinado: “Rose is a rose is a rose is a rose”. Pues, las cosas son las que han de ser, testarudamente, como el amor mismo. |
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| Piedad Villavicencio Bellolio |
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