Si parece que camino sin rumbo en un laberinto de pensamientos y sentimientos conflictivos, es hora de salir de él.
Al permitir que el silencio me guíe a un tiempo de reflexión sagrada, escapo de los confines de cualquier confusión interna y encuentro una nueva libertad.
Plenamente consciente de la presencia de Dios en mí, comprendo que no hay pensamiento, condición ni persona que me pueda limitar –a menos que yo lo permita.
Soy libre para pensar y actuar partiendo de la sabiduría de Dios, la cual me guía en todos los asuntos, grandes y pequeños. Descanso en la presencia de mi Creador y siento serenidad en mi alma que me bendice mental y físicamente.
Soy libre de cualquier limitación y libre para explorar posibilidades ilimitadas.
–Éxodo 12:51
“Y en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por grupos”.