La verdadera historia de Anne Adams, científica canadiense convertida en artista que falleció de una rara enfermedad cerebral el año pasado, suena como un episodio de una serie de ciencia ficción como “Dimensión desconocida”.
Adams abandonó su trayectoria como maestra y científica en 1986, para cuidar a un hijo que había resultado gravemente lesionado en un accidente automovilístico y que no se esperaba que sobreviviera. El joven tuvo una recuperación milagrosa. Después de siete semanas, se deshizo de sus muletas y regresó a la escuela.
De acuerdo con Robert, su esposo, Adams entonces decidió abandonar la ciencia y dedicarse al arte. Ella había tenido un breve interés en el dibujo cuando era joven, comentó Roberts en una entrevista telefónica reciente, pero ahora mostraba un impulso intenso de pintar.
“Anne se pasaba todos los días, de las nueva de la mañana a las cinco de la tarde, en su estudio de arte”, agregó Robert Adams, matemático jubilado.
En 1994, Adams quedó prendada de la música del compositor Maurice Ravel, recordó su esposo. A los 53 años, pintó “Unravelling Bolero”, que llevó la famosa partitura a una forma visual.
Sin saberlo ella, Ravel también padeció una enfermedad cerebral cuyos síntomas eran idénticos a los observados en Adams, señaló Bruce Miller, neurólogo y director del Centro de Envejecimiento y Memoria en la Universidad de California, en San Francisco. Ravel compuso “Bolero” en 1928, cuando tenía 53 años y comenzaba a mostrar señales de su enfermedad.
“Bolero” alterna entre dos temas melódicos principales, al repetir ocho veces el par durante 340 compases con volumen y capas de instrumentos crecientes. Al mismo tiempo, la partitura se sujeta metódicamente a dos simples líneas de bajo en staccato alternantes.
Adams, que también se sintió atraída hacia temas de repetición, pintó una figura rectangular vertical por cada compás de “Bolero”. Las figuras están organizadas de una manera ordenada como la música, contrarrestadas por un sinuoso esquema en zigzag, agregó Miller. Ravel y Adams se encontraban en las primeras etapas de una rara enfermedad llamada demencia frontotemporal, o DFT, cuando estaban trabajando, Ravel en “Bolero” y Adams en su pintura de “Bolero”, expresó Miller. Al parecer, la enfermedad alteró los circuitos en sus cerebros, al cambiar las conexiones entre las partes frontal y posterior y dar por resultado un torrente de creatividad. “Solíamos creer que las demencias afectaban al cerebro de manera difusa”, añadió Miller.
“Eso es incorrecto. Ahora nos damos cuenta de que cuando circuitos específicos y dominantes son lesionados o desintegrados, pueden liberar o desinhibir la actividad en otras áreas. En otras palabras, si una parte del cerebro está en riesgo, otra parte puede restaurarse”.
Así, algunos pacientes con DFT desarrollan habilidades artísticas cuando declinan las áreas frontales del cerebro y las regiones posteriores toman el control, explicó Miller.
Desde 1997 hasta su muerte, diez años más tarde, Adams se sometió a escaneos cerebrales periódicos que les dieron a sus médicos evidencia extraordinaria de los cambios en su cerebro.