Bananeros explican cómo elevaron la producción motivando a sus trabajadores a lograr un mejor desempeño.
Fernando Guamán, pertenece a la última generación de bananeros orenses, y es quien de todos los tres hermanos asumió la posta de mantener 50 hectáreas que con sacrificio levantaron y estuvieron a punto de perderla sus padres por los bajos precios y las cuantiosas deudas patronales.
En la hacienda El Playón la constancia y el deseo de superación productivo también la asumen los trabajadores porque como explica Guamán “la gente es bien pagada, se les reconoce los beneficios de ley, y saben que ganan por resultados”.
Para determinar el desempeño en cada una de las tareas, implementó este año un programa informático (software) que les obligó a ser mas ordenados, a mantener el control de la plantación distribuida por lotes y a monitorear la realización eficaz de tareas como enfunde, deshije, fertilización, conteo de plantas: “ Son 31 lotes en los que sé cuantas plantas hay que sembrar. Una planta menos es una caja menos por cobrar”. En dos años, dice, de 1.200 cajas así han subido a 2.050 y empezaron el 2008 con 2.600. Es reflejo del incentivo laboral que, basándose en auditorías, establece la guía y desempeño del mismo grupo humano al cual ahora capacita y se encarga de llevar los formularios de control.
Caso similar describe en La Troncal (Cañar), Cristhian Toledo quien contrata a 250 personas estables y mantiene unas 180 hectáreas repartidas en dos fincas.
“Todos están asegurados y nos esmeramos en tener una mano de obra de calidad que por su actual desempeño obtienen un bono adicional por mes de $ 20 y un salario promedio de $ 70 por semana.
“El personal tienen premio, porque hay mas cajas por embarque, la cuadrilla trabaja de miércoles a viernes empacando 10 mil cajas, y ganan 8 centavos/caja, en esta labor extra. Casi el salario depende de ellos”, subrayó el joven bananero.
Comenta que no es común ver la misma aptitud en la mayoría de sus colegas y destaca lo importante de tener el control por cada unidad (planta) y no como antes cuando se confundían y no podían cuantificar su verdadero potencial. “Antes de sistematizar la producción, recién entraba a la finca y empezaba a adivinar la causa del problema, lo que a muchos todavía le pasa”.