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Solteros independientes pero en compañía
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Un duro regreso al hogar

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¿Cuándo se debe independizar un soltero?

Texto: Katherine Villavicencio

Son profesionales, rondan los 30 años, tienen trabajo estable y aunque dejaron de pedir permiso, siguen bajo el techo de papá y mamá.

Está de moda o por efecto de la globalización el síndrome se extendió entre América, Europa y Asia. Ser soltero está in y ser un soltero profesional, que viaja, viste bien y paga sus cuentas, aún más.

Los solteros de hoy, esa generación de entre los 25 y 40 años absorbida por la tecnología y el trabajo, disfrutan de una época de libertad en la que ya no se necesita pedir permiso a los padres para salir ni dinero para ir de compras.

Alzaron el  vuelo y alcanzaron “independencia”  (entre comillas, sí), porque en realidad solo lo hicieron de la puerta de su habitación hacia afuera. Algunos solteros del siglo XXI, con trabajo estable y creciendo en el mundo laboral, siguen bajo el cuidado de papá y mamá, disfrutando de la comida  casera, de atención cuando se enferman y de ropa limpia y planchada en el clóset.

Son motivos que pesan a la hora de querer independizarse, reconoce Enrique, un ingeniero comercial de 27 años que vive con sus padres y que desde hace seis meses no concreta su intención de irse solo  a un departamento. Pero no es el único. El factor afectivo también cuenta. Es el único soltero en su familia y solo el comentario de marcharse pone mal a su madre.

Mariela, una economista de 33 años, enfrenta una historia similar. Todavía vive con sus papás, en parte porque “son conservadores y tienen la idea de que la mujer solo debe salir de su casa cuando contrae matrimonio”. No lo comparte, pero teme por la salud de su mamá. Por eso ha empezado a preparala   porque en dos meses piensa irse.

Por motivos culturales o económicos, los solteros aún se resisten a dejar el nido y buscar un espacio propio. El fenómeno se conoce como el síndrome de Peter Pan y en algunos países de América y Europa ha tomado denominaciones variadas, como adultescentes (mezcla de adulto y adolescente) o  kidults (por la unión de las palabras kid, ‘niño’, y adult, ‘adulto’) . En Asia, la calificación es más dura. La sociedad japonesa (según recoge Wikipedia) usa el término soltero parásito para definir a quienes viven con sus padres hasta cerca de los 30 años.

El sociólogo Carlos Tutivén asegura que se trata de un fenómeno de escala global, que se viene dando en los últimos años y supera las viejas reglas de sociedades tradicionales, como la europea o la norteamericana. Un estudio de la consultora Parship, por ejemplo, reveló que el 49% de los solteros en España vive en casa de sus padres.

“Los adultos de 30 años y más aparentan una independencia económica y de decisiones, pero al mismo tiempo están cobijados por el techo paterno”, dice Tutivén.

Su colega Roberto Vélez Montesdeoca asegura que el factor cultural es otro influyente. Más en la sociedad ecuatoriana, caracterizada por “familias nucleares”, que giran en torno al padre o la madre y que no tienen la costumbre de que los hijos se vayan a vivir solos.

El tema pasa, además, por patrones que han impuesto el mercadeo. Por un lado, se estimula la identidad a la carta para embellecer el ego del consumidor: el soltero de hoy va al spa, se hace terapias antiestrés y se compra laptops y ipods. Pero por otro, las cuentas no cuadran y no alcanza “el dinero ni la madurez”, señala Tutivén, para vivir con absoluta independencia.

A esto se agrega un síntoma de doble vía que ha influido en el caso de Enrique y Mariela: los papás no quieren sentir la vejez solitaria y quedarse huérfanos de hijos y ellos no quieren perder la protección y comodidad de su hogar.

Víctor Pazmiño, un abogado de 30 años, asegura que pensó en dejar su casa, pero que el nacimiento de su hermano, de 3 años, lo hizo desistir. Quiere disfrutar de él un par de años más y luego irse.

Reconoce, sin embargo, que vivir con sus padres le ha permitido ahorrar para poder comprar los muebles de su habitación, viajar y disfrutar de pasatiempos un tanto costosos como el karting. En su casa no hay un régimen de aportación, pero él y su hermano de 29 años colaboran con los gastos.

Mariela da el 50% de su sueldo a su mamá y el resto lo destina a sus cuentas y a ahorrar. El método ha tenido sus frutos: este año hará una especialización fuera del país.

Elizabeth Iturralde, una periodista de 29 años, también logró guardar dinero viviendo en casa de su madre y literalmente compró su independencia: con sus ahorros dio la entrada para una casa y este año  se irá a vivir sola. “Antes consideraba que no era el tiempo, pero ahora que estoy al borde de los 30 he pensado en independizarme.  De ley es más complicado, pero juega el tema de la responsabilidad”.

Ser soltero, ¿un problema?
“Realmente en este país ser soltero es un problema, si pides un crédito te dicen que no porque eres soltero, si hay que se subir los sueldos se considera al casado porque tiene familia, si quieres un programa de vivienda del Gobierno tienes que ser casado”. Iván Mora no reniega de su soltería, pero sí de las pocas condiciones que brinda la sociedad para que un soltero sea independiente.

A sus 28 años tiene carro propio, pero se ha visto frustrado en su intento de adquirir una propiedad o montar un negocio, dos de las metas que se ha propuesto conseguir de soltero. El dinero de su sueldo, dice, se va entre sus gastos y el pago de la universidad, para terminar su carrera de administrador de empresas. No aporta en su casa y tampoco piensa irse porque no puede pagar un apartamento.

“Hay una identidad moderna de vestir a la moda con un presupuesto que solo alcanza para la persona, pero por otro lado el sistema económico   no es coherente con lo que el mercado impone como tendencia…”, opina Tutivén.

A Elizabeth, por ejemplo, tres entidades diferentes le negaron el crédito hipotecario porque, entre otros factores, no tenía el respaldo de un esposo. Al cuarto intento consiguió el crédito, pero solo del 60% del monto de la vivienda. Mariela, en cambio, no obtuvo un visado porque no tenía ni esposo ni hijos “que la aten al país”.

Víctor y Enrique no han tenido dificultad con los créditos, pero sí  para hallar un departamento de soltero. “O es un departamento grande de tres cuartos o es una pieza en una casa para estudiantes, no hay un espacio acorde aunque lo he buscado”, dice Víctor.

Carolina Castro, de 38 años, no tuvo esa dificultad. Salió de su casa a los 24 años con su hermana, pero cuando esta se casó consiguió un cuarto de dos metros por cuatro para vivir. Tenía solo su juego de dormitorio y esa escena la motivó a ahorrar la plata que antes se farreaba y viajaba. Así logró no solo equipar el departamento sino adquirir un vehículo y luego dar la entrada para un inmueble propio.

“Salir fue lo mejor, me obligó a crecer profesionalmente para ganar más y a ahorrar para tener mis cosas. Ahora digo que sí quisiera estar más con mi familia, pero es mejor extrañarnos”.

Y aunque como ella, Enrique, Mariela, Víctor, Iván y Elizabeth manejan sus horarios y no piden permiso, estar dentro de la casa de sus padres sí les obliga a avisar dónde están y si van tardar o no. 

Los sociólogos aseguran que en los últimos 20 años los seres humanos maduran más tarde. Y mientras se mantengan esas condiciones, pasará un buen tiempo sin que esa independencia se concrete.

Por eso hoy estar soltero, hasta los 30 o 40 años ya no es un estigma. Lo de “quedarse en la percha” realmente se quedó out.


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