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Madres jóvenes… |
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Los varones somos seres preferidos por el Hacedor de lo creado. No sé si existan humanos semejantes en la inmensa hondura del universo. A veces pienso que sí; de ser esto verdad, nada se nos quita; lo que tenemos para nuestra supervivencia y deleite es suficiente para satisfacer los deseos más exigentes. Los varones, en este universo maravilloso y siempre sorprendente, junto con los cinco sentidos recibimos un toque de masculinidad –de género dicen ahora– que da sentido y dirección específica a todo lo que percibimos. Nuestros ojos nos ofrecen la capacidad de recrearnos con las mil y una facetas de la extraordinaria presencia de la mujer en el orbe: con la pequeña que nace y la niña que crece; con su tierna sonrisa y su llanto ensordecedor; con la infante que entra a la dimensión desconocida del jardín de infantes y la señorita que ingresa a secundaria; con la joven graduada, la adolescente enamorada, la hija en su boda y esa misma hija convertida en madre feliz al escuchar el “ma-ma-ma” de los hijos que empiezan a llegar; con la que se desvela porque sus hijos se formen para la vida y también con la que empieza a sentirse cansada, que al mirarse al espejo sabe que la vida avanza; con aquella de manos curtidas y de rostro ajado. Todas, en su momento, son objeto de admiración de quienes desde la orilla de la masculinidad las percibimos como los seres que adornan este universo que, sin ellas, estaría incompleto y vacío.
Estas mujeres jóvenes, en estas horas, deshojan margaritas y hacen frente a un dilema “gigante”: mi hijo va al maternal, entra al jardín o se queda conmigo. Las madres que no trabajan y fueron formadas para ser madres no se preocupan porque saben que con esfuerzo y dedicación pueden convertir su hogar en una escuela de formación temprana. Aquellas que deben trabajar, que no tienen con quién dejar a sus hijos y, además, carecen de formación pedagógica para que sus retoños tengan una excelente preparación para la vida, necesitan ser ayudadas por instituciones que pueden llenar vacíos y entregar satisfacciones. Los últimos días de marzo y los primeros de abril son preciosos momentos para tomar una decisión en bien de los pequeños de hoy, los ciudadanos de mañana.
La formación y bienestar de los infantes durante sus primeros cuatro años de vida es fundamental. Afirmemos, sin temor a equivocarnos, que el resto de vida de un ser humano dependerá de cómo ese infante fue tratado al iniciar su vida: primero durante el embarazo y luego después de su nacimiento; si el hogar es un nido caliente de afectos que atan, la batalla está vencida; la alimentación adecuada dotará al organismo de los elementos indispensables para un correcto desarrollo, sin olvidarnos de que la leche materna es parte esencial de esa alimentación.
El amor debe manifestarse mediante un cuidado apegado a los conocimientos de la psicología y pedagogía infantiles. Las guarderías, maternales y los jardines de infantes son bienvenidos, cuando están en manos de profesionales. Jóvenes madres: valen la pena las lágrimas que desatan el “destete” de la cercanía de sus vástagos. |
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