martes 25 de marzo del 2008 Columnistas

La sexta columna

La forma como el Gobierno y sus acólitos vienen apurando para que nos olvidemos de la reciente crisis internacional es tan decidora como las actitudes que se adoptaron durante la misma. Ya todo pasó. La OEA nos dio la razón. Ha sido una victoria. Los “quinta columna” se aliaron con el enemigo. Con infinito amor, la Patria ya es de todos. Colorín, colorado, esto se ha acabado. Palabras más, palabras menos, esa es la narrativa del poder.

No es exageración pero cualquier nación africana o caribeña –con el respeto que estas naciones nos merecen– demostrarían más madurez y seriedad en abordar asuntos de esta envergadura. Lo que estamos pasando es apenas el iceberg de un problema que no se va a ir con conciertos, amenazas o paranoias conspirativas.

Se ha llegado al extremo de condicionar a Colombia el restablecimiento de relaciones a su compromiso de no “difamar” más al Gobierno con aquello de que las FARC tienen en el Ecuador un seguro refugio. Es decir, si el Gobierno colombiano llegase a obtener, o si ya tiene, pruebas en ese sentido deberá ignorarlas, destruirlas o esconderlas de la opinión pública, porque su divulgación llevaría a otra ruptura diplomática. ¿Tan grande es el temor a la verdad?

No se necesita de una “campaña mediática” para concluir que las FARC en efecto han tenido en Ecuador un santuario ideológico y logístico importante; bastaría para eso poner los últimos sucesos en el contexto de lo que venía ya sucediendo, incluyendo la presencia de ecuatorianos como miembros de las FARC en el destruido campamento. Pero si esto es grave, más grave es tratar de echarle tierra al asunto volviendo a escalar la crisis.

En situaciones como estas las naciones medianamente democráticas realizan exhaustivas investigaciones para corregir errores. En nuestro caso las preguntas abundan. La llamada inteligencia militar, por ejemplo, nos debe explicar por qué son tan pilas para espiar con tecnología y todo a un asambleísta de la oposición pero no para detectar el motel que Reyes había abierto en nuestra “tierra sagrada”. Por qué es que el señor Chávez ha llegado a ejercer ese nivel de tutelaje internacional que demostró ejercer en el escalamiento de la crisis. Por qué no se interrogó debidamente a las “estudiantes” extranjeras. ¿Quién autorizó un cónclave de una organización que tiene a las FARC de miembro, y con delegados de ETA?

Pero, repetimos, no hay interés en conocer las aristas de este affaire. Y por ello estamos condenados a repetir esta crisis. Y cuando ello suceda saldrá nuevamente esa sexta columna, ese corifeo de patriotas, a gritar que está prohibido disentir, y que todos debemos pensar como el Gran Hermano quiere que pensemos. Que ya habrá tiempo para responder preguntas inoportunas. Tiempo que sabemos nunca llegará.

Años atrás se intentó una salida pacífica y negociada con las FARC. El resultado fue que lo aprovecharon para crecer en poder aliándose con el narcotráfico. Ahora, al borde de su derrota, se le exige a Colombia que vuelva a cometer el mismo error.
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