Un ex dentista acusado de robar órganos de más de 1.000 cadáveres se declaró culpable el martes ante un tribunal de Nueva York, lo que le evitará la cadena perpetua.
Michael Mastromarino de 44 años, podría ser condenado a una pena de entre 18 y 54 años de prisión. El veredicto se pronunciará el próximo 21 de mayo.
"Reconoce que lo que hizo estuvo mal, y hoy lo reconoció ante los jueces", declaró a la AFP su abogado Mario Gallucci, quien acusó a las compañías que compraban los órganos de ejercer presión sobre su cliente y de haberlo empujado a convertirse en un criminal.
"Todo comenzó de forma legal. Comprendió que había una necesidad de tejido celular procedente de cadáveres para que la medicina pudiera avanzar", explicó el abogado.
"Las cosas empezaron a ir mal porque le encargaban cada vez más (tejido), y él se fue torciendo", añadió.
Mastromarino propietario de una empresa de venta de tejido celular para implantes quirúrgicos en Nueva Jersey, y sus cómplices; Joseph Nicelli, empresario de funerarias de Brooklyn, y otros dos hombres, Lee Crucetta y Christopher Aldorasi, fueron inculpados en 2006 de robo de órganos y tejido celular de personas fallecidas, en un caso calificado por los investigadores de "película de terror de serie B".
Los cuatro se declararon entonces inocentes de los cargos de profanación de sepultura, robo de órganos, disección ilegal y asociación para delinquir.
Sin embargo el fiscal de Brooklyn Charles Hynes describió detalladamente cómo los acusados reemplazaban los órganos extirpados a los cadáveres por tubos de PVC, para no levantar sospechas durante el funeral.
Según las pesquisas, la banda redactaba las actas de defunción, falsificando el consentimiento de donación de órganos de 1.077 fallecidos, sus edades, y fecha de defunción.
Durante cinco años, los acusados vendieron órganos y tejidos a clínicas especializadas en transplantes del mundo entero. Según datos de la investigación, un único cadáver podía redituar hasta 250.000 dólares.
La alarma se disparó cuando el nuevo propietario del local de la funeraria de Nicelli denunció que el dueño anterior se quedó con el dinero de un funeral abonado de antemano. Al revisar el local, la Policía encontró una auténtica sala de operaciones en la trastienda.