Lunes 17 de marzo del 2008 Política

Ejército le apuesta a patrullajes para ubicar bases clandestinas

LAGO AGRIO

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LOS COFANES, Sucumbíos. Un soldado muestra el laboratorio clandestino detectado días atrás.

El Ejército busca reforzar la frontera. Sin embargo, sus propios  soldados y oficiales reconocen que les hace falta de todo: armamento nuevo, implementos tecnológicos para inteligencia militar, municiones, entre otros que permitan fortalecer el control a lo largo de los  720 kilómetros de frontera común.

A más de  eso, requieren más personal que custodie zonas estratégicas. A raíz del bombardeo en Angostura  (Sucumbíos), se trasladó a  3.200 militares para apoyar a los cerca de  12 mil que ya había en la frontera norte; estos provienen de los destacamentos de Esmeraldas, Quevedo, Latacunga, y otros.

Los patrullajes son marítimos, por tierra y aire.

Cada grupo realiza un operativo por  22 días, que implica internarse por la selva; luego llega un relevo. Esos patrullajes permitieron que  el Ejército descubra un laboratorio de procesamiento de clorhidrato de cocaína, en el sector de Los Cofanes, a  600 metros del sitio donde se detuvo a cinco presuntos guerrilleros de las FARC, y a  3.200 metros de un semillero de plantas de hojas de coca.

Según un reporte del Ejército, en el  2007 las patrullas realizaron  21 operativos en Sucumbíos. Los  sectores más visitados fueron Cantagallo y Puerto Nuevo, y se logró destruir  54 laboratorios clandestinos.

El año pasado, además, a lo largo de la frontera se descubrieron  47 campamentos ocultos, la cifra más alta desde  el 2004, en que se descubrieron ocho. En total, se registran  117 campamentos destruidos.

Sin embargo, el coronel Javier Pérez, oficial de Inteligencia de la IV División del Ejército, aseguró que toda la frontera es permeable, pues hay pasos clandestinos a lo largo del río San Miguel hasta el Putumayo, que pueden ser cruzados sin dificultad.

“Es imposible poner a un soldado cada kilómetro de la frontera, esto obedece a un estudio de inteligencia”, aseveró el oficial, quien dijo que  en los últimos años las actividades ilícitas de Colombia se han trasladado a territorio ecuatoriano.

Los pobladores de las zonas de frontera coinciden en que los militares aparecen “de vez en cuando”. En el camino a Puerto Nuevo hay un control de militares denominado Cabo Primero Villamar Cooper,  donde laboran siete soldados.

Cada hora esperan la llegada de los buses de pasajeros para chequear cédulas de identidad, mercadería o bultos que intenten pasar por este sector.

Para controlar posibles movimientos irregulares, el ejército usa informantes, que pueden ser los mismos habitantes.
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