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Edición del DOMINGO 16 de Marzo del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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¿Pereza? Es hora de vencerla
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Preparativos

Las vacaciones terminaron y con ellas los días sin tareas. Los padres, son un factor clave para ayudar a vencer la resistencia a  clases.


Sin horarios ni tareas. Las vacaciones son como una época de fiesta para los niños y adolescentes, en la que ver televisión, levantarse y acostarse tarde está permitido. ¿Volver a clases? ¡Qué pereza! Es el grito de muchos jóvenes, pero una tarea inevitable para todos.

El fin de las vacaciones y la proximidad de la época escolar pueden generar resistencia y tedio en los chicos porque experimentaron otros hábitos y diversiones durante dos meses. Vencerla es cuestión de disciplina, aseguran especialistas consultados, y en ese proceso los padres y los maestros constituyen un factor clave.

Jenny Alvarado, presidenta del Colegio de Psicólogos Educativos del Guayas, dice que atravesar por una sensación de pereza antes de retornar al aula es normal y frecuente en los estudiantes, sobre todo, en aquellos que no estuvieron en un curso vacacional. “Su rutina diaria cambió por completo. El niño no tiene horarios, se levanta más tarde, desayuna más tarde. Por eso le cuesta la adaptabilidad al regresar a clases”, indica ella.

La variación es brusca. Tras nueve meses de madrugar, cumplir deberes y horarios viene una época de distensión, de la que también son partícipes los padres porque ya no se levantan tan temprano para alistar a los niños o irlos a dejar.

Adaptarse a esas jornadas no es tarea fácil y requiere de una organización familiar, señala la psicóloga y orientadora familiar Cecilia Chávez Bowen. Ella asegura que en las vacaciones de los hijos los padres también cambian sus hábitos y realizan más actividades porque no existe la presión de la escuela al día siguiente. Por eso son ellos quienes deben tomar la iniciativa para que la familia se adapte al inicio del nuevo año escolar

Formar  actitudes
Todo empieza por motivar al niño. “Que no sea un castigo ir a la escuela, sino que sepa que es parte de la vida y de su formación educativa, que va a reencontrarse con sus compañeros, que va a desarrollar bonitas actividades”, dice Cecilia Chávez.

Una semana antes de clases, recomienda realizar un simulacro en casa para que el niño se acueste y levante temprano y así se acople poco a poco a la nueva rutina. Lo ideal es que a las 21:00 o según el horario de la escuela, el chico ya esté durmiendo, pues debe descansar mínimo diez horas para que su proceso de crecimiento sea normal.

“Dos semanas y media antes ya deben comenzar a regularizar los hábitos. Hay algunos que dicen ‘déjalo nomás que disfrute hasta el último’ y eso es lo que impide que tenga un buen proceso de adaptación”, agrega Jenny Alvarado.

A más de normar los tiempos, ayuda el establecer pequeñas tareas, como la lectura de artículos o de libros. Con ello se logra adentrarlo en el hábito del estudio y se lo incentiva a la lectura.

Para la psicóloga educativa Jazmín Proaño, la seguridad que transmiten los padres a los hijos y conversar sobre sus temores también es básico. El propósito es que el regreso a la escuela sea voluntario y gratificante.

Y en ello juega un papel primordial la actitud de los papás. “Que tengan cuidado de no decir frases hirientes como ‘qué bueno que vienen las clases para que me dejes tranquila’, porque hay quejas que aunque no se digan con la intención de lastimar, siempre van a llevar a una connotación negativa para el chico”, expresa ella.

El lenguaje –coinciden las especialistas– debe estar orientado a la importancia de ir a la escuela o al éxito que el alumno tendrá en los estudios. Contar anécdotas o experiencias ayuda a transmitirles tranquilidad y motivación.

Incentivos
Las instituciones educativas también son parte de ese proceso. Algunas han implementado semanas o días de adaptación como una herramienta útil. Así, las clases se inician gradualmente, con jornadas y tareas menos extensas.

Es ahí cuando el maestro debe propiciar un rol motivador e ir más allá de la enseñanza de las materias. “Tiene que ganarse al chico de tal forma que él sienta ganas de estudiar y volver al colegio”, indica Jazmín Proaño. Parte del incentivo son las actividades dentro de clases o una bienvenida divertida.

Los padres pueden empezar involucrando a los niños, por ejemplo, en la compra de útiles escolares. Es una actividad que ellos disfrutan porque pueden escoger a sus personajes favoritos, la mochila, lonchera o portalápices de su gusto, pero siempre –dice ella– se les debe dejar en claro que lo más importante no es que tengan el cuaderno más bonito o más caro.

No hay un ingrediente mágico, pero la motivación es el primer paso para vencer esa pereza que trajo las vacaciones. K.V.

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