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Yankees, come home |
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El jueves pasado Rafael Correa pidió públicamente que los gringos envíen tropas a la frontera con Colombia. En los años sesenta, los que nos oponíamos a la guerra de Vietnam coreábamos “yankees, go home”. Ahora Correa pide “yankees, come home”.
“Al hombre se le chispotean las palabras”, me explicó un amigo y con eso me tranquilizó. Hasta ese momento no había creído que se tratase de una metedura de pata sino de una estrategia hábilmente diseñada.
Me explico mejor. Ustedes saben que el contexto internacional para el Presidente se deteriora a pasos acelerados. La crisis diplomática sigue, y cada día pinta peor. Hoy las grandes potencias le perdonan a los presidentes del Tercer Mundo que roben, maten, torturen o violen, pero no que protejan terroristas enemigos de Occidente. Así que cada nueva torpeza que identifica a este gobierno con las FARC pone más en riesgo la estabilidad política interna.
Se los digo más claro: si alguna vez Correa debió temer que le serruchen el piso, es ahora. Debe estar mirando conspiraciones hasta en la sopa. Ni Hugo Chávez lo acompaña ya en sus exabruptos; con su enorme sonrisa posó de nuevo hace dos días con Uribe para las cámaras, olvidando todo lo que le dijo hace un par de semanas. Seguramente sabe ya qué hay en esas dos computadoras y se está curando en salud.
Los lectores correístas me contestarán que el Presidente es digno y defenderá nuestra soberanía hasta las últimas consecuencias. Ellos se fijan, claro está, sobre todo en la verborrea de Correa. Pero ese es un mal método para juzgar a este hombre. Hay que fijarse en sus obras, y precisamente revisando la prensa (mentirosa, claro está) yo había llegado a la conclusión de que Correa está haciendo exactamente lo que Uribe y Estados Unidos quisieron desde el principio.
Para comenzar, nos puso a discutir a todos el conflicto militar colombiano como si no tuviésemos nada más urgente que atender, ni muertos, ni lluvias, ni deslaves, ni precios al alza. Llevamos casi diez años insistiéndole a Colombia que lamentamos su conflicto pero que no podemos intervenir porque tenemos otras prioridades, y viene Correa y nos cambia esa política completamente.
Luego movilizó más tropas a la frontera, desatendiendo la emergencia interna, de modo que hoy uno de cada cuatro soldados ecuatorianos está involucrado en una guerra que no es nuestra, y los generales ruegan por más dinero para más armas. Como se plantea en el Plan Colombia.
Por último, la cereza del pastel, bajo la forma de este pedido del Presidente de la República de que tropas norteamericanas y españolas ocupen territorio ecuatoriano y colombiano.
Imaginen ustedes, marines con rifles inteligentes, visión nocturna, GPS, transmisión satelital, y todo eso aquí nomás, a tres horas en carro desde Quito, por gentil invitación de nuestro Presidente revolucionario y antiimperialista.
Pero me tranquilizó mi amigo, como ya les digo, quien me explicó que la opinión pública en Colombia no lo permitiría.
A veces es así, hay gente que no habla tanto de soberanía, pero no por brutos, sino porque piensan dos veces antes de hablar. |
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| Piedad Villavicencio Bellolio |
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